Recordar

1438 Words
Capítulo 2: Estoy tumbada en la cama, pensando en cómo no me di cuenta. Todo este tiempo estuve ciega de amor, no, no de amor, porque si lo hubiera amado demasiado, estaría destrozada. No, estoy dolida por la traición de ambos. Siempre sufrí burlas por mi peso, desprecio, maltrato, humillación, pero esto superó todo. Me amo tal como soy, pero hay gente que odia lo diferente, y así soy yo, diferente. Pero esto no me destruye, al contrario, me hace más fuerte y me impulsa a salir adelante con mucha más fuerza. Soy una diseñadora reconocida, no es por presumir, pero diseño los vestidos de novia más hermosos. El más especial que he diseñado es el de mi amiga Diane. Ella y su esposo tuvieron una historia muy peculiar y difícil, pero me hizo tanta ilusión hacerlo y disfruté enormemente. Diane es de esas amigas que la vida te regala como hermanas. Soy hija única y mayor que ella, pero en bachillerato, si alguien me molestaba, ella me defendía. Nos conocimos en bachillerato. Antes de que ella empezara a estudiar, conocí a un chico con la sonrisa más hermosa que había visto, su nombre era Alan. Era el típico chico alto, atlético, de esos que nunca se enamorarían de una chica como yo. Lo veía a lo lejos, siempre con chicas rubias, delgadas y guapas. Pasó un tiempo desde que lo vi por primera vez. Cruzábamos miradas, me sonreía y pensé que podría gustarle. ¡Qué tonta! Un día lo escuché hablar con su mellizo, Leo, iguales físicamente pero completamente diferentes en carácter. —Ya te vi, Alan. ¿Te gusta Made, cierto? La chica linda. Yo estaba roja de pensar que ellos me veían linda. ¡Vaya sorpresa! —¿Cuál? No sé de qué estás hablando. Él le contestó a Leo. —Sí, la pelirroja de piel de porcelana. Es preciosa. He visto cómo la miras y cuando escuchas que hablan de ella, la defiendes. No me digas que no. Él se quedó callado y bajó la cabeza. —Estás loco. ¿La has visto bien? Está gorda. Si la defiendo es por lástima, no malinterpretes las cosas. Leo solo abrió mucho los ojos. Ya me había visto y solo negó con la cabeza. —Algún día te puedes arrepentir de tus palabras. Y si tú no la quieres, vale. Yo lucharé por ella. Estaba tan decepcionada. Sentía una opresión en el pecho. Él jamás pensaría en mí más allá de la lástima. Me di la vuelta y empecé a caminar. Llegué al campo de fútbol americano, solo suspiré y sentí que alguien tocaba mi hombro. Volteé y era Leo, sonriendo tristemente. —Lamento lo que dijo el idiota de mi hermano, pero yo sí quiero ser tu amigo. ¿Se puede? Estiró su mano y yo la tomé. Me regaló un lindo abrazo y me sentí bien. —Sí, escuché lo que dijo, pero no me importa. Ya estoy acostumbrada a eso, así que no te preocupes. Seamos tú y yo amigos. Él sonrió y me volvió a abrazar. No entendía su manía, pero por el rabillo del ojo vi a Alan que venía con la chica de turno. Apretó los puños como si estuviera molesto, pero a su hermano Leo no le importaba, o no sé por qué estaba molesto. No me interesaba. —¿Qué te parece si vamos a comer y después te llevo a mi casa con Elena? Lo miré con una ceja alzada. —¿Me vas a llevar con tu novia y no se va a enojar? ¿Estás seguro? Él soltó una carcajada, me jaló y me levantó para empezar a caminar. Pasó su brazo por mis hombros y siguió riendo. —Oye, que no es chiste. Me paré y crucé mis brazos. —Claro que no, nena. Pero es que Elena no es mi novia, es mi moto. Me quedé sorprendida. ¿Una moto? ¿En serio? ¿Con nombre de chica? Vaya, que están locos. Así pasaron los meses. Leo y yo nos hicimos grandes amigos. Obviamente no siempre estábamos juntos, pero sí había un día especial en la semana para nosotros: día de cine, cena o simplemente tirados en la sala comiendo. Era algo lindo. Nunca conocí a su familia, solo a su mellizo Alan. Nosotros ya pasábamos a segundo año y entraban los de primero. Siempre traté de ser una chica sociable. Tenía mi grupo de amigos, con excepción de los que me molestaban. Llegué a mi casillero para dejar los libros que no necesitaba. Cuando volteé, vi a una chica súper linda, de esas que se ve que va a ser tu mejor amiga desde el primer hola. Y así fue, Diane, hermana de mi mejor amigo, ahora mi mejor amiga, casi hermana. Si ella no hubiera estado en esa etapa de mi vida, no sé qué hubiera sido de mí. Cuando nos graduamos de la universidad, que fuimos juntas pero obviamente en diferentes facultades, yo me mudé de país. Me ofrecieron una gran oportunidad en una casa de novias muy reconocida. Ese era mi sueño: diseñar los mejores vestidos de novia. Y lo logré. Siempre me mantuve en contacto con mis amigos, pero creo que es tiempo de regresar a casa. Suena mi teléfono, sacándome de mis recuerdos. Con solo ver la pantalla, sonrío. Amo a este hombre y siempre está cuando lo necesito. Contesto con mis sentimientos encontrados. —Hola. Él solo suspira. No sé qué se imaginaba, pero creo que se tranquilizó al escucharme. —Nena, ¿dime que estás bien? Diane no me supo decir qué pasaba. Voy para allá o ¿te vienes de inmediato? Suelto una carcajada. —¿Sabes que te amo, cierto? Y de hecho, estaba pensando en regresar. —¿Quieres que vaya por ti? Ahorita agarro el primer vuelo. Tú dime y de inmediato me voy al aeropuerto. Veo por qué lo amo. Porque él es el hermano que nunca tuve. Solo sonrío al pensar en lo mucho que se preocupa por mí. —No, Leo. Mejor te aviso cuando aterrice para que vayas por mí, ¿vale? Con resignación, escucho que suspira. —Está bien, nena. Pero si necesitas algo, solo llama, ¿sí? Cualquier cosa. Solo sonrío. —Claro que sí, te amo. Cuelgo la llamada. Empiezo a contestar correos y le mando a mi jefa mi carta de renuncia. Ella se ha portado excelente y no tengo quejas, pero hay muchos recuerdos de los que quiero olvidarme. Empiezo a empacar. Ya compré mis boletos. Salgo mañana a primera hora. Otro cambio. Espero que no sea tan difícil como la primera vez. Volver a casa no es fácil. Vienen muchos recuerdos a mi mente, buenos y malos. Pero hay gente a la que amo con todo mi corazón: Diane, su esposo Pato y Leo. Obvio los mellizos Max y Alin, hijos de mi amiga y mis sobrinos ahijados. Cuando mi amiga estaba embarazada, me volví loca de felicidad. Los amo más que a nada en este mundo. Ellos fueron un factor importante para que yo me superara con todo lo que había vivido. Amo a esos torbellinos. Escucho mi celular. Vaya, que lo voy a tirar. Volteo y veo quién es y sí que me sorprende. Contesto un poco consternada, pues nunca recibo llamadas de él. Me extraña que me llame. —Hola. No escucho nada. —Hola. Silencio. Escucho un suspiro. —Made, hola, soy Alan. ¿Cómo estás? Vaya, esto sí que no me lo esperaba. Nunca fuimos cercanos, incluso nunca pregunté por su vida. —Bien, creo. ¿A qué debo tu llamada? Él se queda en silencio un rato. —Estoy en España. Vine por trabajo y pues, Diane me contó algo. Que regresabas a casa y yo quería saber si quieres que viajemos juntos. Digo, si no te molesta. Es extraño que hable con Diane por la mañana. Puedo jurar que dijo que los clones habían llegado. No lo sé. Escuché mal. —Bueno, mi vuelo sale hasta mañana a primera hora. Si quieres acompañarme, por mí no hay problema. Escucho un suspiro. —Sí, claro. Paso por ti. ¿Me mandas tu dirección para llegar juntos al aeropuerto? Solo asiento como si pudiera verme. —Claro, te la mando hasta mañana. Vaya, esa llamada fue muy incómoda. Pero llegando a casa, le pregunto a Diane. Tengo que salir de dudas. Me voy a la cama, intento dormir, pero creo que esto no va a funcionar. No he pegado el ojo en toda la noche y ya va a amanecer. Creo que dormiré en el avión.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD