Capítulo 10
Nicolle
Rose camina de un lado a otro en la cocina.
—Regresaré temprano —dice mientras se acerca.
—No te preocupes por nada más, yo me encargaré de todo —le digo.
—Siento que cuidar a Evie ya es mucho trabajo para ti…
—Es una niña muy tranquila, hago todo lo que puedo mientras duerme.
Ella suspira.
—No te afanes. En cuanto yo venga haré la cena —deja un beso en la frente de Evie.
Escuchamos el claxon del auto de Tristán, quien lleva varios minutos esperando a su esposa para ir al trabajo.
—Adios mi amor, mamá vendrá muy temprano. Nos vemos Nicolle —se despide y por fin sale de casa.
Coloco a Evie en su sillita mientras le sirvo su desayuno. Cuando pongo el plato frente a ella comienza a tomarla para llevarla a su boca. Llevo los platos al lavado y luego me siento a su lado para darle su comida como se debe, aunque ella es feliz comiendo sola, primero la dejo experimentar y luego me encargo de que coma.
—¿Está delicioso, verdad? —le pregunto mientras se relame los labios y saborea la comida.
Evie sonríe moviendo sus manos y balbuceando palabras.
Es lunes, he empezado mi semana tratando de olvidar lo que sucedió el fin de semana. Dejar de pensar en el beso de Andrés ha sido fácil, sacar a Alex de mi mente no lo ha sido. Siento pena en pensar en Andrés, en lo que siente por mi, pero he sido clara siempre, no me gusta jugar con los sentimientos de las personas, no de esa manera. A mi no me gustaría que jugarán de esa forma conmigo.
Dicen que en el corazón no se manda. Lo creo firmemente. Aunque nunca me ha tocado escuchar a mi corazón decirme lo que quiere, solo me dice a quien no quiere. Más bien a quien no ama, porque si le tome cariño a Andrés, pero no lo amo. No siento lo que él dice sentir por mi.
Termino de darle la comida a Evie, le limpio la boca y le lavo las manos, ella ríe mientras le limpio las mejillas. Su risa ilumina mi día. Cada día entiendo porque Rose y Tristán son tan felices con ella en su vida y ahora serán más felices con otro bebé.
—Creo que tendré que duplicarme para cuidar de ti y tu hermanito o hermanita —murmuro a Evie.
—Ba-ba-pa —es lo único que dice.
Llevo a Evie hasta la sala, la siento sobre la alfombra y me siento a su lado, ella comienza a gatear hasta sus juguetes, me lanza un par de pelotitas, hago gestos dramáticos a los cuales ella responde con una carcajada.
Sigo jugando con ella y me olvidó de todo. Bueno la menos lo había olvidado hasta que escucho su voz.
—Buen día —saluda Alex.
Tanto Evie como yo, levantamos nuestras miradas. Ella sonríe a su abuelo y gatea hacia él.
Evie gatea con torpeza adorable hacia él, como si todo en el mundo fuera simple.
Como si él fuera solo su abuelo.
Como si no fuera el hombre que desordena mi cabeza cada día, cada noche.
Alexander se inclina y la toma en brazos con una naturalidad que me desarma. Su expresión cambia apenas la sostiene. Se suaviza. Se vuelve cálido.
Sonrió para mis adentros. Sabía que vendría a verla, pero no sabía que tendría tanta suerte y él viniera cuando estuviéramos solas.
—Buen día —saludo poniéndome de pie.
El responde con un asentimiento de cabeza. Acaricia las mejillas de Evie y ella sonríe.
—Rose regresará temprano hoy —añado, acercándome para tomar un pañito de la mesa.
Paso junto a él. Demasiado cerca.
Mi brazo roza el suyo apenas.
Accidental.
Tal vez.
Su cuerpo se tensa.
Pequeña victoria.
Alex se acomoda en el sofá con Evie en brazos. Finjo limpiar una mancha en la mesita de la sala. Él me observa por un segundo y ese segundo es suficiente para provocar un hormigueo en mi vientre.
Dejo de limpiar y él desvía su mirada de mi.
Hoy no llevo nada especial. O al menos eso parecería. Un pantalón ajustado sencillo, una blusa clara de mangas recogidas. El cabello suelto.
Nada exagerado. Nada que lo provoque.
Pero cuando me agacho a recoger una de las pelotas que Evie lanzó, siento su mirada.
No necesito verlo para saberlo.
La siento en mi espalda.
Me incorporo con calma.
Parece que no puede resistirse a mi verme.
Alex deja de nuevo a Evie sobre la alfombra.
—Pase un momento para ver a Evie, no quiero molestar —dice de repente.
Sonrío porque sé que no puede verme.
Molestar dice. Si supiera que verlo acaba de mejorar mi día y que verlo es lo que esperaba.
—¿Te irás ya? —pregunto tratando de no sonar muy interesada.
Suenas interesada.
—Si, solo quería ver a mi preciosa Evie. Vendré más tarde para ver a mi hija —se pone de pie.
Nuestras miradas se encuentran. Mi corazón golpea mi pecho con fuerza.
¿Como se supone que ignore esto que me provoca el solo verlo?.
Creí que el amor a primera vista no existía, ahora lo dudo.
No, no siento amor. Me digo tratando de convencerme de algo imposible. No lo conozco, no sé lo guarda en su corazón. Ni siquiera sé si es bueno para mí.
Pero me gusta.
Y lo deseo.
Y me gusta.
Me gustan sus ojos.
Sus labios.
—Podrías quedarte a comer a gustas. Puedes estar un rato más con Evie y prepararé la comida —propongo sin dejar de mirarlo—. Si estás con Evie podré avanzar con mis tareas en casa también.
Es una invitación sencilla. Sonrío apenas.
No necesito su ayuda.
Pero sí quiero que se quede.
Alexander me observa con atención, como si intentara descifrar algo que no estoy diciendo.
—Tengo que ir por unas cosas más tarde.
No es un no.
Me acerco a Evie y le dejo otro par de juguetes.
—Entonces será algo rápido.
Paso junto a él para ir a la cocina. Mi hombro roza apenas su brazo. No me disculpo. No me detengo. Solo sigo caminando.
Escucho cómo exhala.
Sonrió victoriosa.
Desde la cocina los observo. Él murmura cosas a Evie, cosas que no puedo escuchar. Preparo todo para la comida, me siento nerviosa, por un momento dude que se quedara.
Su móvil suena después de unos minutos, corta la llamada y luego teclea algo. Cuando termina se gira para verme. Entrecierro los ojos al ver su rostro.
Quiero jugar un juego demasiado peligroso, no importa si el premio es él, pero quizá soy yo quien pierda…