Capítulo 20
Dia 2 — parte 3
NICOLLE
Me pasé toda la tarde leyendo en el teléfono.
Cuando me cansé, miré una película y luego me dispuse a preparar la cena.
Alexander llegaría en cualquier momento y quería que todo estuviera listo cuando entrara por la puerta. Cociné con calma, ordené la mesa y limpié la cocina.
Cuando terminé, observé el resultado con una pequeña sonrisa. Todo estaba perfecto.
Entonces fui a mi habitación. Abrí el armario y empecé a buscar entre mi ropa hasta encontrar algo especial. Algo que hiciera que Alexander no pudiera dejar de mirarme.
Porque esta noche quería que las cosas avanzaran un poco más.
Finalmente encontré el vestido rojo. Sonreí.
Era perfecto. Me lo puse y dejé mi cabello suelto sobre los hombros. Me observé en el espejo unos segundos.
El vestido se ajustaba a mi cuerpo como si hubiera sido hecho para mí.
—Hoy caes un poco más, Alex —murmuré.
Salí de la habitación descalza y fui hasta la terraza.
El cielo empezaba a teñirse de naranja mientras el sol se ocultaba lentamente entre los edificios de Londres. Me apoyé en la baranda y observé cómo la luz desaparecía poco a poco hasta que solo quedó la noche.
El aire comenzaba a helarse.
Las horas pasaron demasiado lentas. Volví al departamento y miré la mesa. Seguía ordenada.
La cena lista. Todo en su lugar. Excepto Alexander.
Me dejé caer sobre el sofá con un suspiro.
—Así que decidiste huir de mí —susurré—. Eso no te va a funcionar.
No creo que a estas horas Alex siga en casa de Rose. Él simplemente había decidido evitarme.
Resoplé y me puse de pie para ir a la habitación cuando mi teléfono vibró. Un mensaje nuevo.
“¿Estás libre? ¿Quieres venir al club con nosotros?”
Leí el mensaje de Sandy. Lo pensé unos segundos antes de responder.
“¿Andrés te pidió que me escribieras?”
La respuesta llegó casi de inmediato.
“No. Andrés sí va, pero soy yo quien te está invitando.”
Sandy era la novia de uno de los amigos de Andrés. A diferencia de las otras chicas del grupo, ella siempre había sido amable conmigo. No hablábamos mucho, pero me caía bien.
Solo un poco. Así que estaba segura de que me escribía por parte de Andrés.
“Bien. Envíame la dirección.”
Si Alex no iba a estar en el departamento esta noche… yo tampoco.
Me puse los zapatos, tomé un bolso con mi cartera y documentos y salí del departamento. Sandy me envió la ubicación y tomé un taxi.
En menos de media hora estaba frente al club. La música sonaba fuerte desde la entrada. Cuando entré, Sandy levantó la mano al verme.
Sonreí con educación y caminé hacia el grupo.
Andrés estaba junto a ella. También su novio, el hermano de Andrés, la novia de este y otros dos chicos más.
Los saludé a todos.
Cuando llegué a Andrés, él se adelantó y me dio un beso en la mejilla.
—Lamento tanto lo que pasó la otra vez —dijo, su aliento rozando mi piel.
Me alejé un poco.
Él levantó las manos en señal de rendición.
—No voy a hacerte nada. Lo prometo. Solo… me gustaría mantener al menos tu amistad.
Suspiré. Lo observé unos segundos.
Creo que lo entendía. Siempre lo entendía.
Pero eso no cambiaba la forma en que me miraba.
Los ojos no mienten.
Y ojalá yo pudiera sentir lo mismo que él.
—¿Le dijiste a Sandy que me invitara? —pregunté.
—Culpable —respondió con una sonrisa encantadora—. Escucha… lo lamento en serio. Desde aquella noche no has querido hablar conmigo. Necesito saber que estamos bien.
Lo pensé un momento. Luego asentí.
—Pero si vuelves a hacer algo como aquello… ya no podremos ser amigos. ¿Entiendes?
—Lo entiendo, Nicolle.
Sonrió y me entregó una bebida.
—Gracias por venir.
Acepté el trago y me quedé junto a ellos.
Sandy me guiñó un ojo y miró a André con una sonrisa antes de seguir hablando con su novio. El grupo reía, conversaba, bromeaba entre la música.
Me estaba pasando bien.
Pero aun así… Alexander seguía en mi mente. De pronto sentí una mirada ardiente sobre mí.
Una mirada que conocía demasiado bien. Giré la cabeza.
Y lo vi.
Alexander estaba sentado en la barra.
Bebiendo. Lo observé unos segundos.
¿En serio?
Había venido a un club para evitar regresar al departamento.
Nuestras miradas se encontraron. Sus ojos recorrieron mi cuerpo lentamente. Desde mis pies… el vestido rojo. Hasta mi rostro.
Negué suavemente y desvié la mirada para volver al grupo.
Quería huir de mí.
Genial.
Porque ahora voy a ignorarlo. Que beba todo lo que quiera. Estoy segura de que seguirá viéndome en cada vaso de alcohol.
…
Intenté concentrarme en la conversación.
De verdad lo intenté.
Aendrés estaba contando una historia absurda sobre un viaje con sus amigos y todos reían, incluso yo sonreí un par de veces… pero mi atención no estaba ahí.
Estaba en la barra. En Alexander. No debería mirarlo.
Pero lo hice.
Otra vez.
Y otra.
Seguía ahí, sentado frente a la barra con un vaso en la mano, seguía viéndose tan atractivo. El barman volvió a servirle otro trago y Alex lo tomó sin dudar.
Fruncí el ceño.
—¿Todo bien? —preguntó Andrés a mi lado.
—Sí —respondí rápidamente.
Pero no estaba bien.
Alexander estaba bebiendo demasiado y me preocupaba que bebiera tanto.
—Ire un segundo al baño —informe.
Andrés asintió. Tome mi bolso y caminé por el pasillo hasta el baño.
Al entrar solté todo el aire que no sabía que tenía retenido. He sentido tantas ganas de ir, estar al lado de Alex y no de esos chicos. Aunque Alex esté huyendo de mi iría a molestarlo.
Me moje un poco el rostro. No sabía que sentir, este cúmulo de sentimientos estaba por volverme loca.
—¿Estás bien? —la voz de Sandy me sobresaltó.
No había escuchado a nadie en el baño, así que supongo que ahora estamos solo las dos.
—Si, claro —respondí con una sonrisa amable.
—Has estado distraída. Disculpa si mi invitación te molestó. Andrés me pidió que lo hiciera, se que no somos amigas ni nada de eso, pero…
—No te preocupes, todo está bien. Yo sabía que Andrés te había pedido invitarme —la corto.
—Oh que bueno, no me gusta mentir —dijo.
Note la forma en que juega con sus manos nerviosa. Entrecierro los ojos. Me parece que hay algo más que no se atreve a decirme.
—Supe que te molestaste con él, por lo que pasó la otra noche.
Ahí está.
—Si bueno, creo que también soy un poco culpable —dije mirándome en el espejo.
—Bueno… creo que a veces le das esperanzas —comenta—. Esa noche… bailabas tan cerca de él, es hombre y claro que…
—Disculpa, Sandy. Eso es algo que he hablado con Andrés y no me importa lo que pienses, siempre le he dejado claro lo que somos. ¿Tu no bailarinas con el? ¿Lo harías a un metro de distancia? Creo que el hecho de que dos amigos disfruten bailar no significa que confundirán las cosas. Soy clara, Sandy. Demasiado clara….
Tomo mi bolso un poco molesta. Yo más que nadie desea que Andrés no se siga confundiendo conmigo y si quizás tenga un poco de razón.
Finjo una sonrisa cuando regreso a su lado. Con la mirada busco rápidamente a Alex, que sigue en la barra con otro vaso de alcohol.
Sandy regresa después de unos minutos con una sonrisa, nos observa a Andrés y a mí, pero la ignoro.
Mi mirada regresa a Alex. Creo que ya ha bebido lo suficiente. Su mirada me busca también y justo en ese momento una mujer llega a su lado.
Rubia, con un vestido que no deja nada a la imaginación. Ella toca su brazo, él no la aparta. Se inclina y le susurra algo al oído. Alex no se mueve, no la aleja y la mano de esa mujer está pasando los límites.
Sentí algo extraño en el pecho. Un calor molesto. Incómodo.
Molesto porque no tenía ningún derecho a sentirlo. Alexander podía hacer lo que quisiera. No era mío.
Pero él está ebrio, muy ebrio.
—Creo que es hora de que me vaya —le digo a Andrés.
Él me mira frunciendo el ceño.
—¿Quieres que te lleve? —pregunta.
—Eh, no gracias. Hasta pronto —me despido rápido.
Camino rápido entre el mar de gente. Mis pasos eran rápidos, decididos. Me acerco a Alex y la mujer parece no querer alejarse.
Alexander levantó su mirada.
—Nicolle…
Me reconoció.
—¿Amiga tuya? —preguntó la mujer sin dejar de sonreír.
No respondí, en lugar de eso tomé el brazo de Alex, para hacer a un lado a la mujer.
—Vámonos —le dije.
—¿A dónde…? —preguntó Alex.
—A casa —respondí.
—Oye tranquila. Él está hablando conmigo —interrumpió la mujer.
—Pues ve y busca con quién hablar porque él es mío —me pare frente a ella, desafiante.
—Relajate solo estaba siendo amable…
—Bueno, gracias por tu amabilidad. Ya puedes irte —dije, mi voz sonaba molesta.
Odiaba estar en esta situación.
La mujer se fue sin decir nada más. Alex me miró sonriente.
—Borra esa estúpida sonrisa de tu cara —le pedí—. Vámonos.
—Espera aún no…
Antes de que terminara de hablar metí mis manos en su bolsillo, sentí su cuerpo tensarse. Saqué su billetera y le di un par de billetes al barman, me parece que fueron suficientes. Luego la guarde en mi bolso y tomé el brazo de Alex.
Él se puso de pie con dificultad.
—Eres un idiota —murmuro—. Más te vale que no vayas a aplastarme con tu peso.
—No lo haré… —dice seguro.
Su cuerpo tambaleante no me asegura lo mismo.
—¿Estás enojada? Creí que estarías en el departamento —arrastra las palabras.
—Se supone que tú debías estarlo también —replico—. Anda, camina.
Su brazo rodea mis hombros y de pronto estoy tan cerca de él, su peso me hace tambalear, pero me mantengo en pie. El aroma de su perfume mezclado con él del Whisky me embriaga.
—Nic… ¿Qué estás haciendo?...