Capítulo 5

1072 Words
¿Debí haber sido vieja? ¡Qué carajos significa eso! Aprecio que el personal adulto sea prioritario en este lugar, pero es absurdo pensar que eso puede ser una causa para no contratar a alguien más joven. Reconozco que el cargo es bastante intimidante; de todos modos, ya pasé el maldito filtro y esperé todo un mes para que me dijeran que estaba contratada. Ahora no voy a dejar que me echen sin siquiera haber comenzado. Después de la discusión ese hombre se encerró en su oficina, la señora Sullivan que parece haber recuperado su compostura fue allí y ha vuelto con una mejor cara. Me pregunto si eso significa que hay una mejoría en el ambiente. ―Debe tomarlo con paciencia, y de momento lo mejor es que no se acerque a él. Vaya, ¿por qué tanta alergia? ―¿Sufre de alguna alergia o algo? ―pregunto con curiosidad y ella sonríe nerviosa. «Debí haber dicho fobia en vez de alergias», es lo que parece. ―No que sepamos, el jefe es saludable, es solo que está muy acostumbrado a su planta de personal, pero no tolera los cambios abruptos. ―Creo que eso es algo excesivo, de todos modos, ¿va a despedirme o no? ―No de forma arbitraria, pero si usted incurre en alguna falta es probable que tenga ese derecho ―repone la mujer. Lo dice de forma amable, sin embargo, siento que también es una advertencia. Luego de ello me avisa que daremos un recorrido por todas las áreas, y también me entregará el manual de convivencia para que lo estudie. Así es como empezamos a recorrer cada dependencia. Ella me explica los funcionamientos de cada área y detallo que todo lo que se trabaja allí es de orden administrativo. Solo papeleo que se diligencia por medio de la plataforma multifuncional de la empresa. Un sistema inteligente propio de digitalización de documentos. El funcionamiento comercial se dirige desde las bodegas de distribución y la fabricación en la infraestructura de laboratorios. Yo solo me encargaré de seguir las órdenes del director, y cuando lo especifica me pregunto si podré hacerlo bien si solo quiere despedirme sin siquiera ver mi desempeño. Al terminar el recorrido técnico me lleva al que será mi lugar, una oficina no muy grande con paredes y puerta de cristal, ubicada justo al lado de la del jefe que si tiene paredes sólidas y es toda cerrada. Una vez me posiciono en mi lugar empiezo la práctica del manejo de la plataforma, así como a revisar el manual aprovechando que ya estoy sola. Miro a mi alrededor y es como estar metida en una caja de cristal. Se siente extraño, pero no mal. Como el jefe quiere despedirme, no recibo ninguna asignación ni orden por parte suya por lo que tengo tiempo para ocuparme en aprender. Es mucha información para procesar, pero todo es cuidadoso y detallado, al final no me resulta difícil y es como estar de vuelta a una de mis clases de manejo de la economía empresarial. Él no sale de la oficina ni para el almuerzo, así que durante el resto de la mañana no tengo oportunidad de abordarlo. Pensaba que haría por lo menos eso y podría hablarle, sin embargo, descubro que el pedido para su almuerzo lo delegó directo a la señora Sullivan. Eso me molesta por lo que me propongo plantármele de cualquier manera así tenga que perseguirlo hasta su casa. Si bien quiero este trabajo, lo mínimo para desempeñarlo es que me lleve bien con el jefe. Hacerle una persecución suena extremo, pero entre eso y llegar a casa para deprimirme con esto además de lo que tengo encima, me resulta mejor llevar a cabo esa loca aventura. Mi hora de salida es a las seis, y esperaba que también saliera, pero no ocurre, así que me quedo esperando un poco más. Cuando se acercan para recordarme que puedo salir, doy la excusa de que estoy familiarizándome con el trabajo. Eso ayuda, pero me impacienta porque el condenado no sale. ―Hola, ¿ya vas de salida? Quien se acerca tocando la puerta de cristal abierta, es ese chico que mencionara lo de la razón por la que el jefe está inconforme conmigo. Levanto la mirada para verlo y me causa gracia que no aplique para el personal masculino. Eso me hace pensar de forma malvada que quizás tenga un fetiche raro, donde detesta a las mujeres y le gusta tener hombres jóvenes a su alrededor. ¡Diantres! La idea me causa aún más gracia mezclada con morbo. ―Hola, todavía no ―respondo de manera amable para no mostrar que estoy impaciente y él está perturbando mis planes. ―¿Mucho trabajo en el primer día? ―pregunta y creo que lo hace de forma sarcástica. Eso me hace mirarle aprensiva. ―Digamos que aprendo todo el manejo si no quiero que de verdad me despidan ―mascullo. ―Supongo ―repone más comedido, quizás entendiendo mi reacción. ―¿Puedo saber por qué dijiste eso? ―¿Qué cosa? ―Lo que mencionaste del director. ―Ah, es sobre lo linda y joven que eres. ―¿Y es un verdadero problema? ―Digamos que rompe un canon sagrado. ―Suena raro. ―Tal vez tienes razón, a propósito, soy James subdirector administrativo. Cuenta conmigo para lo que necesites. Ya lo sabía, Sullivan me dio el cronograma del personal. ―Eso será si logro que no me despida ―repongo y él me sonríe. El hombre me resulta amable y atractivo; sin embargo, no estoy aquí por eso, no creo que vuelva a fijarme en nadie en mucho tiempo. No es una confianza en mí misma que pueda recuperar pronto. ―Tranquila, no creo que te despida. ―Esperemos que no. ―Trajiste auto, si vas de salida puedo acercarte ―dice tomándome por sorpresa, entonces veo que por fin se abre la puerta del director y él sale por ella. Él mira de reojo hacia dónde estamos y sigue su camino. Me enervo un poco porque luce todavía más enojado. Empiezo a recoger mi bolso que ya lo tenía preparado para cuando saliera. ―Lo siento, si traje, y ya tengo que irme ―le digo una mentira piadosa a James para que no insista con llevarme, seguido me apuro en salir de allí para iniciar mi medida extrema de persecución.
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