Oliver Me siento muy cómodo con el empalme único y perfecto que comparten nuestros cuerpos. Una sensación extraña, en buena manera, y muy distinta a cuando me daba placer a mí mismo solo con mirar. Con tocar para recibir; sin embargo, para conseguir el éxtasis y llegar a ese estado de clímax pleno y satisfactorio tenía que hacer demasiado esfuerzo. Esto dependiendo de la mujer que tuviera enfrente. Tampoco lo veía mal porque me había acostumbrado a que ninguna me tocara, o hiciera lo que le diera la gana. Siempre fui el amo del autocontrol, pero con Allegra, este parece haberse ido al carajo. No era extraño que en su momento lo viera de ese modo, como cuando lo hacen sin tu permiso, pero al principio fue horrible descubrir el placer de esa manera, porque me llevó a habituarme a una mis

