— ¡Phoebe no corras demasiado rápido!— Le gritó Alia, con las manos alrededor de sus labios. — ¡Sólo iré a ese tronco, en el que siempre nos sentamos!— le informó ella, con esa voz adorable que le provocaba ternura. Alia caminaba junto a Travis, dándole pesadas pisadas a la nieve. — Es preciosa— le dijo él. — Esa niña...es lo único que me hace despertar cada mañana— dijo, mirándola con una sonrisa melancólica. La veía y se le llenaba el alma de alivio. Tenía un gorro de lana n***o, que cubría su cabeza rapada. Alia misma se lo había hecho, gracias también a Luna, quien le había dado lana como para hacerlo. Tenía un enorme camperón amarillo, su favorito, que le llegaba hasta las rodillas y un pantalón de algodón que no se veía, ya que las botas blancas que llevaba puestas, le cubrían

