Días atrás... Su mano y la mía, entrelazadas, volviéndose una. Eso era una clara definición de lo que éramos: estábamos unidos, desde hace muchos años, y hasta la eternidad. Mi cabeza estaba apoyada en su regazo, mientras acariciaba mi cabello. Era una sensación hermosa. —No te quiere. No te quiso y jamás te querrá. —Lo sé, ¿por qué lo repites? Eso ya me lo dejó muy en claro. Resopló. —Alma, quiero que estés cien por ciento enamorada de mí, y que en tu mente no esté Lucas. Sé que te enamoraste muy seriamente de él, y me parece poco creible que sólo en varios días te olvidaras de todo el amor que sentiste o aún sientes. Me levanté, con muy mala cara. Tom se cruzó de piernas en la cama al igual que sus brazos, pegados contra su pecho y mirándome con una ceja arqueada. Aquella posició

