—¡Demonios! Alma gritó en el medio de la noche, en su habitación a oscuras, y sólo la luz de la calle ingresaba en ella. Otra pesadilla, odiaba que le pasara eso. Su respiración era trabajosa, y tenía sudor en su frente. Se sentó entre las sabanas, y frotó sus ojos. Miró en dirección al reloj de su mesa de noche, y marcaban las tres de la mañana. No sabía perfectamente qué había soñado, pero, de algo estaba segura; se trataba de arañas. Esas cosas peludas la torturaban desde pequeña, y más cuando hoy Tom había encontrado supuestamente una. —Dicen que si despiertas a las tres de la mañana—La voz de Tom provocó que diera un respingo por el susto que se pegó—, un muerto te está observando—continuó. Tom estaba sentado en la esquina de la cama. No podía verle el rostro ya que la luz de l

