Capítulo 2: La mansión de los McKellen

1539 Words
Narra Evangeline Mi vida es diferente a la realidad de Kate, ella no tiene ningún tipo de preocupación; tampoco sabe lo que es tener responsabilidades; lo único que le roba la tranquilidad es no tener su closet lleno con la ropa de temporada y no poder visitar ciudades y países que están en sus planes; es una vida envidiable, es la vida que cualquier persona quisiera tener, agradezco mucho que ella intente compartir conmigo un poco de todo lo que tiene, de no ser por Kate no podría disfrutar de experiencias increíbles. Me hace feliz que ella tenga la vida que quiere, es feliz y eso es lo más importante. Por primera vez, en todo el tiempo que la conozco, la veo decaída, eso me rompe el corazón. Ha de ser difícil enfrentar la separación de sus padres, aunque me pregunto ¿Por qué no me dijo nada en su momento? Me mintió al decirme que en la última navidad tuvo una cena en familia, que todo estaba de lujos, ¿Por qué mentirme? Entiendo que han pasado cinco largo años y que en ese tiempo algunas cosas pueden cambiar, pero la confianza entre nosotras no tiene que verse alterada. Kate y yo nos conocimos cuando yo vivía en Denver, Colorado. Yo vivía con mi madre en una casa que algunas veces olvido, pero me esfuerzo en recordarla. Mis padres se separaron a los pocos meses de que yo naciera, así que desde que tengo uso de razón sabía que mi padre biológico estaba en otra ciudad y que compartía mis días con mi mamá y su nueva pareja, alguien que quise porque fue uno de los primeros rostros que vi y con el cual crecí. En mis primeros años de vida tuve una infancia increíble, creo que algunas veces lamento el no haber sacado más provecho de todo, pero al final no podemos controlar lo que pasará. Por algunas circunstancias de la vida tuve que mudarme con mi padre y fue la razón por la cual me distancié de Kate, sin embargo, para cada verano venía a Miami y pasábamos tiempo juntas; hasta que tuve que adquirir nuevas responsabilidades que me limitaron a volver. La última vez que vine, tenía 16 años y parece que muchas cosas han cambiado desde entonces. La limusina espera que le permitan el ingreso a la mansión, desde ese punto algo se veía diferente, así no recordaba este lugar. —¿Es aquí? —pregunté al pensar que nos habíamos equivocado. —Mi padre hizo algunos cambios —responde ella preparándose para salir. Me pegué al cristal para observar con mayor detalle, esto se sentía como entrar al cielo; el señor McKellen sí que tiene gustos caros, esto parece una ciudad diferente aquí dentro. En todo el camino mientras subíamos a la entrada principal de la mansión, vi algunas estatuillas, palmeras, Dios; creo que esto no se encuentra ni en la casa blanca. —Kate, eso lo vi en el museo la última vez que vine ¿tu padre lo compró? —Sí, hay más de esos por ahí. Vaya, eso es tener dinero, que increíble. Alguien abre la puerta del auto y podría jurar que me sentía en un lugar completamente nuevo para mí, imagino que han demolido la mansión y construir una muy diferente encima de la anterior. —Es hermosa, le dije a Kate admirando la entrada. Alguien abre las enormes puertas de madera tallada y lo primero que enfoco en el recibidor es una obra de arte de mi artista favorito. —No lo puedo creer, esa pintura es de… Oh, no puedo creer que estoy frente a una pintura original de Gerhard Richter —dije acercándome lo más que pude. Desde el momento que puse un pie dentro de la mansión quedé fascinada, pero para Kate todo lo que hay es ordinario. —¿Dónde está mi padre? —Señorita, su padre está en su despacho, está atendiendo a un cliente. —Dígale que estoy en casa, que lo esperaré aquí hasta que venga a recibirme —responde mi amiga con mala actitud. —Oye, ¿está todo bien? —No, no está bien, ¿sabes por qué? Porque todo con él es así. —Kate, no es para tanto es… —Evangeline, él nunca cumple sus palabras; le dijo a mi madre que él me iría a recoger al aeropuerto y luego me llamó para cancelarlo por su maldito trabajo. Ya me hacía mucha ilusión saber que había sacado el tiempo para ir por mí, que estúpida soy, él nunca cumple; sabía que esto sería igual. —Pero ya estás aquí, envió a alguien por ti, estabas emocionada por eso. Su sonrisa y actitud en el aeropuerto era de felicidad, no entiendo por qué hace toda esta escena. —Él lo arruina todo, pensé que al entrar él me recibiría y tampoco fue así. Él mismo me dijo que hoy no iría a trabajar para recibirme y mira lo que hace, siento que intenta arruinar mi vida llenándome de ilusiones y prometiendo cosas que no puede cumplir porque no se le da la gana. Levanté mis cejas ante eso que Kate hacía, no entendía a que se debía esa manera grosera de dirigirse a su padre, esta no es la Kate que conozco. —La casa es toda una obra de arte —dije halagando hasta el más mínimo detalle de la mansión. —¿Por qué tarda tanto? —pregunta ella cruzándose de brazos. —Vamos, está ocupado. ¿Por qué no subimos nuestras cosas y más tarde lo saludas? —No, él dijo que me recibiría, así que no pienso moverme hasta que venga. Estaba viendo a una chica de 21 años hacer un berrinche de una niña de 6 años. —Vamos, no tiene sentido que… —¡No lo entiendes! —me grita de la nada—. Él dijo que no iría a trabajar, pero trajo el trabajo a su casa, siempre es lo mismo con él. A la mierd*, iré yo a su despacho. No sabía qué hacer, era obvio que no la retendría, esta mujer no es la misma que conocí antes; nunca me había gritado y menos por algo tan absurdo. —Creo que escucho la voz de alguien por aquí —dice alguien que se acercaba al recibidor. Levanté mi mirada hacia las escaleras que vienen del segundo piso y escuché como los pasos se acercaban más y más. —Papá, llegué hace media hora ¿Por qué no estabas aquí? —Cariño, estaba en una reunión, pero aquí estoy; no veo por qué debes enojarte. —¡Siempre es lo mismo! Se supone que irías por mí al aeropuerto, pero no, una reunión es más importante que tu propia hija. —Kate, lo siento, esto era importante. —¿Más importante que tu hija? El hombre a quien no podía ver con claridad por el enorme candelabro que colgaba de la pared, bajó hasta el recibidor para darle un abrazo a su hija. —Nada es más importante que tú, ven, dame un abrazo. Te extrañé mucho mi niña adorada. Me alejé del enorme cuadro y rodeé la estatuilla que está en el centro del lugar para saludar al señor McKellen. Esperé unos segundos a que terminara de saludar a su hija y mientras observé desde donde estaba. —Ya, no estés molesta, prometo que tus días aquí serán increíbles; ya verás. Por cierto, ¿Dónde está tu amiga? Dijiste que Evangeline vendría contigo. —Sí señor, aquí estoy —respondí detrás de él. Sonreí ampliamente y extendí mi mano hacia el hombre, quería mostrarme agradecida por permitirle quedarme en su casa. Este hombre se da la vuelta y me sorprendí ante notorio cambio físico, no parece la misma persona de hace unos años atrás. —¿Evangeline? —Sí, señor McKellen —solté aun con mi mano extendida hacia él. —Vaya, si no me dicen que eres tú no podría reconocerte —menciona mirándome de los pies a la cabeza. El señor McKellen desde siempre fue atractivo y muy elegante, cuando era una niña y venía a su casa, recuerdo que me gustaba observarlo. En mi mente, cuando pensaba en un príncipe, era él la referencia que tenía para imaginarlo. Físicamente tenía cambios muy favorables, a pesar de su edad luce mejor que antes, es alto, de complexión gruesa, su cuerpo está mucho más trabajado; tiene su cabello castaño claro ligeramente largo, con algunas canas que lo hacen ver muy bien. Sus ojos verdes oscuro, lucen más profundos por sus cejas pobladas, y algo nuevo en él, una barba espesa que le da un toque muy llamativo. Me sentí pequeña ante este monumento de hombre, al tiempo algo incómoda por ver como reparaba mi cuerpo. —Sí, usted también se ve diferente —mencioné con nerviosismo. El señor McKellen recibe mi mano, sentí como rodeo por completo mis dedos con su enorme mano varonil. —Bienvenida, Evangeline, espero que te sientas como en tu casa. Es un gusto verte de nuevo. —Gracias, señor McKellen, por recibirme. Él me sonríe y suelta mi mano, en ella quedó una extraña sensación que recorrió todo mi cuerpo.
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