Los dedos de Noah se apretaron alrededor de los míos mientras levantaba su mano libre y golpeaba con firmeza antes de entrar furioso, arrastrándome con él. Me quedé impresionada al ver a todas las personas alrededor, sus ojos desviándose instantáneamente hacia mí, la mano de Noah aun agarrando la mía antes de finalmente fijarse en él. En una plataforma elevada frente a nosotros, tres hombres con elegantes trajes negros se pusieron de pie y asintieron, y Noah les correspondió el gesto igualmente educado antes de dirigirse a sus hermanos que estaban a la derecha, luciendo sombríos. —Buenas tardes —dijo Noah, su voz afilada y clara. Arriesgué un vistazo y no pude evitar maravillarme ante la confianza que irradiaba, erguido, con la cabeza en alto y los ojos fijos en los tres hombres como si f

