Gordon
—No puedo creer que Gray Crest volviera a obtener la licitación para organizar la asociación anual de manadas. —Apreté los dientes mientras miraba por la ventana del auto, mientras mi beta, Alexis, continuaba despotricando para sí mismo. Él trataba de provocarme para que pudiera desahogarme antes de llegar a la manada. Mi furia no beneficia a los miembros de la manada. Y no podría importarme menos.
—Siempre son ellos —continuó Alexis—. Pensé que la guerra que ocurrió entre los renegados y Gray Crest sería el fin, pero mierda, son tercos. No es sorpresa, sin embargo. He escuchado que Gray Crest es una manada bendecida por la misma diosa de la luna. Es casi invencible... —Se detuvo cuando finalmente volví mis ojos hacia él.
—Sigue hablando y este bien podría ser tu último día en la tierra —siseé—. Nadie en este mundo es invencible y Gray Crest conocerá su desaparición pronto.
Entre todas las manadas de hombres lobo en el país, Gray Crest ha sido coronada la manada más fuerte y poderosa durante décadas. Los idiotas siempre se salen con la suya en todas partes, ya sea organizando la asociación de manadas, negocios o cualquier otra cosa en general. Ellos eran los mayores rivales de mi manada, Eclipse Moon, y si había algo que siempre había deseado más en mi vida, era destruir Gray Crest y convertir a Eclipse Moon en la manada de hombres lobo más fuerte del país y a mí mismo... el alfa invencible. Y no solo yo, sino que también había muchas manadas esperando que eso sucediera. Muchos han fallado, pero, aun así, la sed de poder era adictiva como mierda para que otros sigan intentándolo.
—¿Cómo? —preguntó Alexis—. La guerra nunca ayudará a menos que todas las manadas ataquen juntas. Y por mucho que todos odien a Gray Crest, esos alfas son un montón de cobardes. Nadie peleará contra una manada dirigida por tres alfas juntos. Logan, Noah y Asher Gray no deben tomarse a la ligera.
—¿Olvidaste con quién estás hablando? —gruñí—. Y esas manadas no tienen lo que yo tengo. En el momento adecuado, tendrán el arma adecuada necesaria para destruir Gray Crest hasta convertirlo en escombros. —Alexis me miró, pero él sabía que hacerme demasiadas preguntas tampoco era una buena idea.
El auto entró en el camino de entrada y entré furiosamente, mi piel se arrastraba de molestia. La asociación anual de manadas era un evento que se llevaba a cabo cada año, la licitación para la cual era otorgada por la Asociación del Consejo. No solo ser el anfitrión de eso es una cuestión de orgullo y honor, sino que también es una excelente manera de ganar y establecer contactos, ya que manadas de todo el mundo asisten a este evento. Realmente quería la licitación, pero, como siempre, Gray Crest y sus secuaces se interpusieron en el camino.
—Voy a destruir a cada uno de ellos —gruñí, entrando a mi habitación. Y en el momento en que entré... me quedé helado.
¿Qué demonios?
¿Qué demonios le pasó a mi habitación? ¿Por qué estaba iluminada por velas en todas partes y qué significa esto con los pétalos de rosas esparcidos por el suelo y la cama? Mis ojos se clavaron en la disposición del champán enfriado y las dos copas de tallo largo en la mesa de café y me quedé completamente desconcertado. ¿Qué diablos significaba todo esto?
—Hola, cariño. —Me di la vuelta ante la voz femenina familiar y parpadeé ante la mujer parada junto a la puerta del vestidor vestida solo con un sujetador de encaje n***o y una tanga con tacones que podrían matar. Mis ojos recorrieron su cuerpo delicioso y mi polla se endureció incluso si ella no era la persona que quería en ese momento—. ¡Bienvenido a casa! — Alana, mi luna y mi esposa legal, sonrió, corriendo hacia mí y cerrando la puerta de un portazo.
Ella era mi esposa y la luna de la manada, pero no era mi compañera. Al menos no predestinada. Ella era mi compañera elegida, el rostro de la luna para Eclipse Moon, algo así como una embajadora de marca. Tener a Alana no significaba que no haya encontrado a mi compañera predestinada ni nada por el estilo. Sí, lo había hecho. Y ella estaba justo al otro lado de este edificio. El pensamiento de ella hizo que contuviera la respiración y mi lobo respondió de inmediato al imaginar su embriagador aroma.
—¿Gordon? —Sacudí la cabeza y dirigí mis ojos a Alana. Ella sonrió y enroscó sus largos brazos alrededor de mi cuello—. ¿Me echaste de menos? —preguntó, rozando mis labios con su pulgar.
—No. —Voss, mi lobo, rodó los ojos—. No a ti.
—He estado fuera solo dos días —respondí—. ¿Y qué es toda esta tontería?
—Bueno, yo te extrañé y esto... —Alana sonrió, sus dedos acariciando mi erección—. Tengo noticias,
—¿Qué noticias? —exigí, estrechando los ojos—. Si esto es alguna tontería de la manada, espera hasta mañana. No estoy de humor.
—No. —Ella negó con la cabeza, arrastrándome hacia la cama—. No son noticias de la manada y sobre tu humor... déjame arreglarlo.
—Alana... —Ella presionó su dedo en mis labios mientras se subía a mi regazo. Olía como algún perfume caro y su aroma habitual. No me provocaba nada, al menos no en ese momento.
—Déjame hablar —susurró Alana, besándome rápidamente—. Tengo buenas noticias para ti. No tienes idea de cuánto estaba deseando compartirlas contigo. —Estreché los ojos. ¿Qué diablos pasaba?
—No te andes por las ramas. Ve al grano, Alana. Sabes que la paciencia no es lo mío. —Ella rodó los ojos y luego sonrió.
—Estoy... Estoy embarazada —respondió ella—. Vas a ser papá, alfa.
¿Qué?
—¿Qué? —exclamé.
—Sí. —Se rio, con una expresión de satisfacción—. Me enteré hace dos días. Quería decírtelo de inmediato, pero pensé que preferiría esperar y decírtelo en persona. Felicitaciones, tu heredero está en camino.
—Mierda —siseé y agarrándole el cuello, reclamé su boca con fuerza.
Después de los dos días de mierda con toda esa ternura sin sentido, esto fue un soplo de aire fresco. Aunque Alana estaba un poco delirante con lo del heredero, no era tan malvado como para romper su burbuja todavía. Y, de todas formas, era mi hijo, mi sangre. Ella gimió, frotándose contra mí mientras me besaba con la misma pasión, obligándome a gruñir en respuesta.
—Al suelo —ordené, apartándome—. Ahora.
—Sí, señor. —Se mordió el labio, bajando de mi regazo y tomando su posición en la cama. Aunque mi atracción hacia ella apenas existía, tengo que admitir que Alana era una mujer hermosa. Era deslumbrante y sexy, una alfa de sangre. Era la luna perfecta y pertenecía a una manada adinerada, la razón por la cual la tomé como mi pareja elegida. Aparte del hecho de que nos conocemos desde la infancia.
Aun así, ella no era... ella.
—A cuatro patas —dije desabrochando mi bragueta—. Voy a tomarte por detrás.
—Tus deseos son órdenes para mí. —Me sonrió coquetamente, poniéndose a cuatro patas y levantando su hermoso trasero para que yo disfrutara.
—Esto va a ser brusco y rápido. Necesito liberarme —dije y bajando el pedacito de tela por sus piernas, me ensarté dentro de ella, haciéndola gritar en voz alta.
—Mierda. —Cerré los ojos mientras todos sus músculos se apretaban a mi alrededor. Enroscando mis dedos en su pelo rojo, la atraje hacia atrás, exponiendo su cuello para disfrutarlo.
—Oh, sí —gimió ella cuando pasé mis dientes por su cuello mientras seguía golpeando sin descanso—. Mierda, sí... Extrañaba esto.
—¿En serio? —gruñí—. Toma esto, toma todo el placer, nena. Me complaciste mucho esta noche.
—Mmm —gimió Alana—. Di que me amas... por favor, Gordon. —Aprieto los dientes, acercándome cada vez más al clímax.
—Sabes que no creo en todas esas tonterías —respondí, alcanzando para estimular su clítoris. Ella realmente me complació, así que se merecía el placer—. Eres mi luna. Tómalo como una muestra de mi amor. Ahora sé una buena chica y déjate llevar. Si me corro antes que tú, no obtendrás nada. —Seguí golpeándola, liberando toda mi ira en Gray Crest. Alana gimió sin inhibiciones, echando la cabeza hacia atrás, y eso me impulsó aún más mientras nos acercaba a ambos al clímax.
—Mierda —exclamó en voz alta cuando llegó, su cuerpo cayendo sin fuerzas en la cama. Yo solté un gruñido, siguiéndola rápidamente y cayendo sobre ella. Fue un orgasmo devastador después de toda la tensión que se había acumulado en mí durante los últimos dos días. No era exactamente lo que esperaba, para ser honesto, pero de todas formas fue genial.
—Eso fue... increíble. —Alana sonrió mientras me retiraba de ella y empezaba a desnudarme—. ¿Qué más tienes, papi?
—Mucho —contesté, arrastrándome sobre ella—. La noche acaba de comenzar, nena.
—De acuerdo —murmuró, acariciando mi rostro—. Pero ¿estás feliz con esto? ¿Con el bebé?
—Las acciones hablan más que las palabras —respondí—. Ahora, deja de hablar porque Voss está impaciente.
—Gordon, en serio... ¿estás feliz? Este será tu primer hijo y el heredero de esta manada.
Por el amor de Dios.
—Sí, estoy feliz. —Rodé los ojos—. Haremos el anuncio mañana. —Alana sonrió, lanzándose a mis brazos.
—¡Te amo! —Se rio—. Me amas, ¿verdad? —Alejándome, sus ojos avellana me miraron ansiosos en busca de una respuesta a una pregunta que me había hecho un millón de veces antes—. Soy yo para ti, ¿verdad? Basta con que yo... —Presioné mi dedo sobre sus labios y le lancé una mirada amenazante.
—Te hice mi luna, ¿no es así? —gruñí—. No quiero tener esta conversación de nuevo. Sabes cuánto me molesta. No arruines la noche.
—Lo siento —murmuró y luego me lanzó una sonrisa malvada—. Permíteme compensarte, ¿de acuerdo?
—Ahora sí estás hablando mi idioma. —Sonreí, retrocediendo—. Adelante entonces. Compláceme y te recompensaré según tu rendimiento.
—Me esforzaré por un sobresaliente, señor. —Sonrió, sus ojos posándose en mi m*****o erecto.
Esto debería ser divertido.
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Alana dormía tranquilamente a mi lado mientras yo me revolvía, volviéndome inquieto nuevamente. Era temprano por la mañana, pero aún estaba completamente despierto y sabía que era por culpa de mi irritante lobo.
—Si ya lo sabes, creo que es hora de que la visites entonces. Han pasado dos días —gruñó él. Rodé los ojos y me levanté, no teniendo más opción que hacerlo.
De mal humor, me puse una bata alrededor de mí y salí silenciosamente, sin querer ningún drama de Alana temprano en la mañana. La casa de la manada estaba en silencio absoluto mientras me acercaba al edificio justo al lado de la casa principal donde... ella vivía.
Mi pareja destinada y la mujer a la que detestaba, pero al mismo tiempo el simple pensamiento de la cual hacía que mi corazón se detuviera con un sentimiento que no apreciaba. La mujer a la que había mantenido oculta del mundo porque era una belleza que no debía ser vista por nadie más. Nadie más que yo. Mi estúpida, sin lobo, maldita compañera... Rose.
Justo afuera de la puerta de su habitación, algo se sentía mal. No podía entender qué era, pero algo estaba mal. Para empezar, no fui recibido por ese usual y embriagador aroma suyo.
—Abre la maldita puerta —Voss susurró, inmediatamente inquieto—. ¡Ahora!
Ingresando los códigos que solo Alexis y yo conocíamos, abrí la puerta y entré pisando fuerte, y en el mismo momento en que lo hice, mi cuerpo se enfrió mientras Voss emitía un aterrador gruñido. Tan aterrador que incluso me asustó a mí.
—¿Dónde está ella? —gruñó mientras mis ojos observaban la habitación vacía que, hasta hace dos días, estaba marcada por su cálida presencia. Todo se había ido. Sin aroma. Sin sus cautivadores ojos verdes mirándome. Ahora solo era una habitación vacía.
Porque mi compañera, y la mujer destinada a darme el heredero predestinado de esta manada, el hijo que iba a cambiar mi destino... se había ido.
Rose se había ido...