—DANA. Dana se levantó de su asiento en el borde de la cama, cuando escuchó a Franco llamarla desde fuera de la habitación. Salió de la habitación, justo cuando él estaba a punto de entrar, evitando casi chocar. Ambos parecían sorprendidos de verse. Ella dio un paso atrás mientras él se acercaba, dándose cuenta de lo cerca que estaban. Notó el leve ceño fruncido, pero no le prestó mucha atención, ya que estaba acostumbrada a sus ceños fruncidos. Dana había pensado que Franco había salido del departamento para ir a la oficina más temprano. Parecía que había olvidado algo y había regresado al departamento. —¿Qué ocurre?— le preguntó. —¿Olvidaste algo?— añadió. En lugar de responder, él metió la mano en el bolsillo trasero, sacando su billetera negra. De allí, sacó varios billetes y se l

