Dana se dio la vuelta para no verlos, porque al mirarlos, se le apretaba el pecho. Después de eso, se alejó de ellos. Se sostuvo el pecho para calmarlo. Todavía sentía su corazón un poco pesado. —Señora, ¿cómo le quedó? ¿Le queda bien?— le preguntó la vendedora al pasar. —Mmm... sí, pero volveré más tarde— le dijo. Devolvió lo que tenía en las manos y luego, salió de la tienda. Continuó caminando hasta llegar al aseo del centro comercial. Agradeció que no hubiera nadie más allí. Se acercó al lavabo, abrió el grifo y se lavó las manos. Luego se miró en el espejo frente a ella. Se mordió el labio inferior al ver el dolor reflejado en su rostro en el espejo. Dana no entendía por qué su corazón se sentía así al ver a Franco con otra mujer, él estaba siendo tan dulce con ella. No entendía p

