Franco llegó temprano al trabajo. Tan temprano, de hecho, que el único empleado que vio en su empresa fue el guardia de seguridad. Al entrar en su oficina, se concentró inmediatamente en su trabajo. Poco después, escuchó un suave golpe en la puerta. Incluso cuando se abrió, no se molestó en levantar la vista de su computadora portátil. —Señor, aquí está su café— le dijo su secretaria. —Déjalo ahí— le respondió con un tono serio, sus ojos aún fijos en la pantalla de la computadora portátil. Sintió sus pasos acercándose. Luego ella colocó la taza que contenía su café sobre la mesa. —Señor, ¿necesita algo?— le preguntó un momento después. —No. Puedes irte— le dijo. —Está bien, señor— respondió ella, y él sintió que se daba la vuelta y salía de su oficina. Pero antes de que pudiera sali

