—¡Listo!, Creo que así está bien— dijo estirando su abrigo frente al espejo. Era un día con clima agradable, pese a las bajas temperaturas, por lo que bastaría simplemente con llevar vestuario cálido, para disfrutar el paseo. Con el pulso acelerado, bajo las escaleras, todavía desconfiaba de si en verdad no la vigilaban, por lo que miraba a todas partes paranoica. Temía que si León se enteraba de con quién saldría de paseo, la consecuencias fueran mayúsculas, pues a pesar de su reciente cambio, sabía perfectamente de lo que era capaz cuando se molestaba. Tomó el subterráneo y media hora más tarde estaba en la entrada del zoológico, inquieta se acomodaba su ropa repetidamente —¡Cálmate Florence! Pareces chiquilla— pensó. Al levantar la mirada, a lo lejos visualizó a la pequeña Natach

