En la oficina
Henry se separó de ella y le acarició el rostro con ternura — Isabella, eres la mujer más hermosa y dulce que he conocido, me has robado el corazón desde el primer momento en que te vi, quiero estar contigo, hacerte feliz, protegerte en todo momento ¿Me dejas ser tu novio? le preguntó, con voz suave Henry.
Isabella asintió con la cabeza, sin poder hablar, por la vergüenza.
Henry sonrió y la besó de nuevo, sellando su promesa de amor.
Henry la miró a los ojos y le dijo — Isabella, hay algo que quiero decirte, pero no aquí en la oficina, mañana te espero en el jardín de rosas, donde todo esto comenzó, donde nos conocimos, en ese baile, tengo una sorpresa para ti, dijo Henry.
— ¿Qué sorpresa? preguntó ella, intrigada.
— Tendrás que esperar hasta mañana para saberlo, respondió él, sonriendo, te prometo que será el día más feliz de tu vida.
Al día siguiente
Isabella caminaba nerviosa por el sendero que la llevaba al jardín de rosas, Henry le había pedido que lo encontrara allí, sin darle más explicaciones, ella se preguntaba qué tendría que decirle, sí sería algo bueno o malo, recordó la última vez que estuvieron juntos, cuando él la besó apasionadamente y le dijo que la amaba con todo su corazón ¿Acaso habría cambiado de opinión? ¿O tendría alguna noticia que alteraría su destino? ¿Habrá descubierto que soy Noah? ¿Me despedirá por ocultarle quien soy? Muchas dudas y temores estaban en sus pensamientos, pero Isabella continuó su camino para descubrir la verdad.
Al llegar al jardín, Isabella se quedó sin aliento al ver la escena que la esperaba. El lugar estaba adornado con cientos de flores de todos los colores, formando un arco iris de pétalos y aromas.
En el centro, había una mesa con un mantel blanco, dos copas de cristal y una botella de champán y junto a la mesa, estaba Henry, vestido con un traje elegante y una sonrisa radiante.
— ¡Isabella! exclamó él, al verla ¡Qué hermosa estás! Ven, él se acercó hasta ella y fue a buscarla, vamos que tengo algo que quiero darte.
Isabella caminaba con miedo, pensó será que me descubrió ya sabe que soy Noah, seguro me despide, ella caminaba con temor.
Isabella se acercó a él, sintiendo una mezcla de emoción y curiosidad. Henry la tomó de la mano y la condujo hasta la mesa, luego, se arrodilló frente a ella y sacó de su bolsillo una pequeña caja de terciopelo rojo.
— Isabella, mi amor, mi vida, mi todo, dijo él, mirándola a los ojos, desde que te conocí, supe que eras la mujer de mis sueños, la mujer que me hace feliz, la que me inspira, la que me completa, no puedo imaginar mi futuro sin ti Isabella, ni quiero hacerlo, por eso, hoy quiero hacerte la pregunta más importante de mi vida. ¿Isabella, quieres casarte conmigo?
Isabella se quedó sin palabras, mirando el anillo que brillaba en la caja, era una joya preciosa, con un diamante grande y dos esmeraldas a los lados.
El anillo perfecto para ella, que amaba las piedras verdes, pero más que el anillo, lo que la conmovía era la mirada de Henry, llena de amor y esperanza.
— Henry... susurró ella, con lágrimas en los ojos, no sé qué decir, esto es tan inesperado, tan maravilloso...me sorprendiste no me lo esperaba, dice ella dulcemente, mientras Henry le secaba con delicadeza sus lágrimas que caían por sus mejillas.
— Dime que sí, Isabella, la animó él, apretando su mano y pegándola a su cuerpo mientras la abrazaba, dime que quieres ser mi esposa, que quieres compartir tu vida conmigo, que quieres formar una familia conmigo, los dos juntos.
Isabella sintió que su corazón se acelera, que su alma se llenaba de luz. Henry era el hombre que ella amaba, el que la hacía sentir viva, el que la entendía como nadie. ¿Cómo podía negarse a su propuesta? ¿Cómo podía renunciar a su felicidad?
— Sí, Henry, respondió ella, con una sonrisa.
Sí, quiero casarme contigo, sí, quiero ser tu esposa, sí, quiero todo contigo.
Henry se levantó y la abrazó con fuerza, besándola con pasión, luego, le puso el anillo en el dedo y la miró con orgullo.
—Te amo, Isabella, le dijo Henry, eres lo mejor que me ha pasado en la vida, gracias por aceptar ser mi mujer.
— Yo también te amo, Henry, le dijo ella en un susurro por timidez, eres mi sueño hecho realidad, gracias por elegirme como tu compañera.
Los dos se besaron de nuevo, sellando su compromiso, el jardín de rosas se llenó de aplausos y vítores, pues habían sido testigos de su amor, entre las flores, se asomaban los rostros de sus familiares y amigos, que habían sido cómplices de la sorpresa, Isabella y Henry se sorprendieron al verlos, pero se alegraron de compartir su alegría con ellos.
— ¡Felicidades, hijos! exclamó el padre de Henry, abrazándolos, estamos muy orgullosos de ustedes, han formado una pareja hermosa.
— ¡Qué emoción, amiga! dijo la mejor amiga de Isabella, llorando de felicidad, te mereces toda la felicidad del mundo. Henry es un hombre maravilloso.
— ¡Qué bonito anillo, prima! dijo la prima de Isabella, admirando la joya, te queda muy bien, Henry tú sí que tienes muy buen gusto.
— ¡Qué lindo detalle, hermano! dijo el hermano de Henry, bromeando, has sido muy romántico, Isabella es una mujer afortunada.
Todos los presentes felicitaron a los novios, abrazándolos y besándolos, luego, brindaron con champán y comieron pastel, celebrando su amor, Isabella y Henry se sintieron los más felices del mundo, sabiendo que habían encontrado a su alma gemela.