Isabella cerró su libro, con una sonrisa de satisfacción, acababa de terminar el último capítulo de otra de su novela más reciente, una historia de amor y misterio ambientada en la Venecia del siglo XVIII, otro recuerdo más de su bella luna de miel con Henry. Era la décima novela que publicaba bajo el seudónimo de Noah y estaba segura de que sería otro éxito de ventas como lo fueron todas las anteriores, sus lectores adoraban sus tramas intrigantes, sus personajes carismáticos y su prosa elegante y era tan clara y detallista en descripciones que los lectores sentían que viajaban junto a ella. Sus novelas eran tan dramáticas que las personas se enamoraban de ella, la consideraban una escritora joven, bella y talentosa. Isabella no solo escribía novelas, también colaboraba con un periódic

