El sol se deslizaba en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos rosados y naranjas mientras Henry e Isabella se encontraban en la cama del hotel donde se hospedaron anoche para estar más cerca del salón, donde Isabella recibió su premio, compartiendo un momento de serena felicidad y festejaron este gran logro de ella, amándose como lo hicieron la primera vez, con el sol siendo testigo de su amor y su pasión. La brisa suave acariciaba sus rostros y el mundo parecía detenerse solo para ellos, Isabella se recostó en el pecho de Henry, escuchando el latido constante de su corazón, él con una sonrisa, pasaba su mano por el cabello de ella, perdido en la paz que ese simple contacto le brindaba, conversaron sobre el premio, riendo suavemente y disfrutando de la presencia del otro, hasta que Isabe

