Isabella yacía en la cama del hospital, conectada a varios tubos y máquinas que monitorean su estado. Su rostro estaba pálido y sus ojos cerrados. Había sido ingresada de urgencia hace dos días, cuando empezó a tener fiebre alta y dificultad para respirar, los médicos le diagnosticaron una neumonía severa, que ponía en riesgo su vida y la de su bebé de dos meses. Henry estaba sentado a su lado, tomándole la mano con fuerza, no podía creer lo que estaba pasando, hacía una semana, todo era felicidad, habían celebrado su boda y llegaban de la luna de miel, muy romántica por Europa y habían planeado tener una hermosa familia. Ahora, todo se había derrumbado, no sabía si su esposa y su hijo iban a sobrevivir. Los padres de Isabella también estaban en el hospital, esperando noticias, eran muy

