Su mirada se desliza sobre mí, lenta, calculadora y peligrosa. Entonces…arquea una ceja. ―¿Esa es mi camisa? Mi cuerpo se tensa. ―No… ―Lo niego de inmediato, pero mi voz suena poco convincente. Él sonríe, disfrutando de mi reacción. De mi incomodidad. De mi error. ―Sí, sí que lo es. Bastardo. Mi piel arde bajo su mirada intensa y mi cuerpo debería reaccionar de otra manera. No con este maldito calor, no con esta maldita necesidad. ¡Es tu jodido captor! La rabia burbujea dentro de mí. Alzo una mano, pretendiendo golpearlo. Pero él es más rápido; con un movimiento certero, sujeta mi muñeca con posesión absoluta. Mi aliento se atasca en mi garganta cuando, en un solo segundo, me tiene debajo de él. Mi espalda choca contra la cama mientras Malachi se abalanza sobre mí, atrapando mis ma

