Capítulo 1: Un día cualquiera

2598 Words
MAIA En el presente... Atrasada. Esa palabra es la que mejor me define el día de hoy, por que voy algo atrasada al trabajo, maldita alarma que no sonó. En general la puntualidad no es algo que me define, pero justamente hoy debía llegar temprano al trabajo y eso pretendía, pero mis planes fallaron. Carajos, Ahmet me va a matar. Corro como una desquiciada por las calles, esquivando a todo el ser humano, animal o fantasma que se me cruce por enfrente. - ¡Perdón! - me disculpó con una persona que sin querer golpee haciendo caer su taza de café. De seguro, me quiere asesinar, su mirada lo demuestra. Pero no tengo tiempo para eso, necesito llegar a la oficina. Sigo corriendo por al menos unos cinco minutos más cuando veo el edificio Kiliç, un emblema para esta ciudad. Tengo coche, mi sueldo me lo permite, pero manejar en las calles de Nueva York es completamente asqueroso y estresante, por eso, me vengo en metro y camino lo que me falte para llegar a mi lugar que trabajo. Que no es otro, que el enorme edificio que mando a construir el señor Kiliç hace algunos años para demostrar su poder y dinero. El edificio tiene una altura de más de cuatrocientos metros, 94 pisos y más de 70 ascensores, el costo de este edificio fue de más de 3900 millones de dólares y yo, trabajo aquí como el común de los mortales que aspiran a tener un trabajo para pagar las cuentas mes a mes para no terminar de patitas en la calle y endeudada. Al hacer ingreso en el área de recepción, al primero que veo es a Jaime y Enrique, los guardias de seguridad. - Buenos días señorita Jones - me dice Jaime, tan amable como siempre. - ¡Buenas! - digo apenas mientras sigo mi camino y escucho la risa de ambos hombres al verme correr desesperada. Debo de verme completamente loca. Veo a las chicas de recepción de la cuales, solo una es amiga mía y las otras mujeres que simplemente me odian por tener el puesto que tengo y por mi amistad con el dueño de todo esto. Cuando quisieran ser ellas las que esten en mi lugar para poder revolcarse con él. El señor Kiliç, el padre de Ahmet, me pidió que acompañará a su hijo cuando asumió como CEO, me dijo que yo era la única persona que lo podría mantener en regla y que hiciera su trabajo, que tenía miedo que las secretarias lo llevarán a la ruina por querer acostarse con él por su posición descuidando todo lo demás. Por que a pulso se ha ganado el título del soltero más codiciado de Nueva York y el mujeriego más grande de todo el mundo. Y no lo sabré yo, que se de todas sus aventuras. Me dijo que yo si tenía los pies bien puestos en la tierra y que era la única mujer que no había caído en las garras de su hijo, por lo cual, me gané de alguna manera el puesto actual. Saludo a mi amiga Vanessa a la distancia y ella me devuelve el saludo cuando estoy llegando a mi primer destino. Uno de los privilegios que tengo al trabajar aquí, es que puedo utilizar el ascensor que es solo para el CEO, así que no debo hacer filas eternas para esperar por él ascensor. Ingreso rápidamente en la caja metálica, marcó el piso 94 donde está la oficina de Ahmet y la mía. Muevo mi pie con impaciencia, haciendo sonar el piso donde se logra ver mi reflejo perfecto a través de el. - ¡j***r! Apresurate maldita cosa - refunfuño al objetivo inanimado y el cual, claramente, no me responderá. Sigue subiendo por no se cuanto tiempo más, hasta que avisa que ya llegamos a mi piso. - ¡Gracias al cielo! - exclamó cuando siento que pase una eternidad en ese lugar. Comienzo a correr como si el diablo me persiguiera hasta llegar a mi oficina, la cual se encuentra enfrente de la de mi jefe. - Hola Mari, buenos días - saludo a la secretaría de mi jefe y quien, también es mi amiga y quién no, no ha caído en sus garras. Al ingresar a mi cómodo rincón lanzó mis cosas, me sacó la chaqueta y tomo mi bolso de maquillaje para retocarme. No puedo ir en estar fachas a la reunión y menos, con el puesto que tengo en esta empresa. No es para lo que estudie, pero me gusta y me da para vivir. - Hola belleza. Ya están todos en la sala de reuniones, solo faltas tú - dice y mi corazón se acelera de manera descomunal haciendo que abra los ojos que quieren salir corriendo. Definitivamente Ahmet me matará. - ¡Puta madre! - grito y lanzó las cosas al escritorio. Tomo mi tablet y teléfono, para salir corriendo del lugar. Bajo por las escaleras ya que la oficina de reuniones se encuentra un piso más abajo, al menos, el que le gusta ocupar al CEO. - ¡No te vayas a caer! - me auto regaño esperando no tropezar con algún escalón y terminar de cara al suelo con el tobillo esguinzado. Cuando llegó suspiro aliviada de llegar intacta y sin ningún daño físico visible, aunque mis músculos dicen lo contrario. Tendré que volver al gimnasio si sigo así. Me detengo en la puerta antes de ingresar, acomodó mi ropa, mi cabello, seco el sudor de mi rostro y ajusto mi respiración para no parecer que vengo de una orgia. Golpeó dos veces a la espera de que me den el pase. - ¡Adelante! - grita mi adorable amigo. Hago ingreso con una suave sonrisa, todos se me queden viendo, algunos sorprendidos y otros divertidos. Es una junta de la alta gerencia, así que todos me conocen. Me acercó a paso lento pero decidido, la mirada que me da Ahmet me señala, que tendré problemas más tarde, yo solo le sonrió. Tomo asiento justo a su lado y sacó mi tablet para tomar nota de lo que se hable. - Bien, ahora que ya estamos todos, podemos comenzar - dice dándome una mirada de reojo que indica que me van a regañar como niña chiquita. La reunión comienza y con aquello, comienzan las ideas, reclamos, sugerencias, despidos y una que otra discusión. Ahmet podrá ser muy fiestero, mujeriego, entre otras cosas, pero cuando se trata de trabajo y negocios, es un hombre demasiado serio, con un carácter del demonio, donde ama la perfección y nada menos que eso. Odia la impuntualidad, pero a mí me la aguanta a diario. Odia que le digan que hacer, pero yo se la digo todo el tiempo. Odia las cosas a medias, por eso yo soy su asistente personal y mano derecha. Odia que no le presten atención, y siempre lo hago para molestarlo. Odia las ideas estúpidas o la falta de preparación, no le gusta que lo hagan perder su tiempo y un sin fin de cosas más a las cuales yo ya estoy acostumbrada. Nos conocemos hace tantos años, que ya sabemos lo que nos gusta y lo que no a cada uno, somos tan similares y a la vez tan distintos, pero yo creo que por esas mismas cosas es que nos llevamos tan bien y tenemos la excelente relación que todo el mundo envidia. Ahmet me pide mi opinión en varias oportunidades, algunos les molesta aquello, pero si el jefe me las pide, obviamente responderé y así lo hago. Yo no sé si les molesta por que soy mujer, por que tengo mejores ideas que ellos o por ambas. No es mi problema ser más inteligentes que algunos machos alfas presentes y si les molesta, que vayan a recursos humanos a poner una queja. Queja que claramente no será acogida, por que soy intocable en este lugar y no solo por Ahmet, si no, que por toda su familia, simplemente me adoran y aceptan como un integrante mas, no por que yo lo pidiera así, si no, por que mi amigo y jefe lo a dejado más que en claro. En algún momento me molesto que me tratará o diera cosas que al resto no, quería ganarme mi puesto de trabajo con mi propio esfuerzo, me costó años entender que así fue y que si Ahmet me tenía en un pedestal más alto que el resto, no era algo que me debía molestar. Me costó acallar las vocecitas del resto, pero lo hice, con mi impecable trabajo les cerré la boca a todos los que decían que estaba aquí por que solo soy la amiga del dueño o por que me acuesto con él. Jamás hemos desmentido lo segundo, dejamos que crean lo que quieran, además, que siempre les damos motivos para que piensen aquello. Y con el tiempo lo descubrieran... Luego de una eterna hora y media, la reunión se da por finalizada y todos comienzan a levantarse para ir a sus respectivos puestos de trabajo. Yo termino de anotar algunas cosas en mi tablet antes de salir. Me pongo de pie sin percatarme de nada caminando hacia la salida pero antes de conseguir mi propósito, soy interrumpida por la voz de mi queridito jefe. Me detengo, me quedo congelada en mi posición, no pestañeo, no respiro y analizó seriamente en hacerme la desmayada. Me ha funcionado en otras oportunidades para salvar su redondo trasero. ¿Por que ahora no? Pienso en aquello unos segundos y cuando estoy lista para comenzar mi actuación su voz me detiene. - No, ni se te ocurra fingir un desmayo - dixe y me giro con un puchero en el rostro apelando a su lado sensible. Y él, solo me ve algo divertido pero disfrazado con seriedad. - ¡No! No me veas así tampoco - Bufo, ruedo los ojos y me acercó a él. - Dígame jefe. ¿Qué necesita? - pregunto en tono profesional con tablet en mano y la frente en alto mostrándome indiferente. - ¿Cuando será el día que llegues temprano? - me hago la ofendida y pongo una mano en mi pecho mientras abro los ojos y la boca indignada. - ¡¿Disculpe?! Yo siempre llego a la hora, el resto llega muy temprano - digo con mi pose dramática acompañada de una voz chillona. - ¿Por que siempre llegas atrasada Maia? - pregunta divertido más que molesto. - No fue mi culpa - me defiendo. - Entonces, que fue esta vez? El metro? El carrito de cafés de la esquina? Se te quebró un zapatos? - dice levantando una ceja en mi dirección, me cruzó de brazos. - La alarma, no sonó - digo evitando su mirada. - La alarma, segura de que no sonó? - pregunta acomodando sus codos en las rodillas. Evito mirarlo, me pilla de inmediato cuando miento y pensaba en hacerlo, pero que más da, este hombre me conoce como la palma de su mano. - Hmmm, no, le di cinco minutos más que en realidad fueron veinte - digo y me muerdo la lengua. Ahmer me ve por unos segundos hasta que no aguanta más y se larga a reír en una tremenda carcajada. - No se que diablos haré contigo, te quiero y lo sabes, pero eras la única que faltaba hoy....- suelta un suspiro y se sients bien -...Al menos llega temprano para las reuniones, es lo único que te pido - sonrió de forma inocente acercándome a él. Dejo mis cosas en la mesa y me posiciona a su espalda, él todavía se encuentra sentado. Lo abrazo por su cuello y mi rostro queda descansando en la curvatura de su cuello y hombro derecho. - Esta bien jefecito, haré lo que me dice aunque...no prometo nada - digo y ambos nos largamos a reír. Con una de sus manos cubre ambas mías acariciándome. Apoya su cabeza contra la mía descansando y cerrando los ojos. Nos quedamos en esta posición varios minutos, ambos descansando en la tranquilidad y soledad que nos ofrece el lugar hasta que ingresan a la oficina siendo interrumpidos. La mujer que ingresa nos ve en esta posición y se que miles de locas ideas se le vienen a la mente. Pide disculpas rápidamente y sale despavorida del lugar. - ¿Por que siempre hacen eso? Ni que estuviéramos desnudos - reclamó alejándome de Ahmet. - Por que piensan que interrumpen un momento "romántico" entre los dos y no podrían estar más que equivocados - asiento a sus palabras. Ahmet se pone de pie, arregla su sacó y cabello mientras que yo tomo mis cosas que dejé en la mesa para salir del lugar. - ¿Y si fuera así? Tampoco deberían hacerlo, si entran al lugar es por algo y deberían terminar su misión - Digo encaminandome a la salida seguido de él. Ahmet solo se encoge de hombros, restándole importancia como siempre lo hace. Al salir vemos a la chica que nos interrumpió con el rostro sonrojado y evitando vernos. Y no solo ella, si no que todos los que están aquí presentes, todos nos ven con rostros sorprendidos. Lo que me da a entender, que ella les contó lo que vio. Me carcajeo levemente llamando la atención de mi amigo quien me ve con una ceja alzada y ahora soy yo quien se encoje de hombros. No le daré importancia a un asunto que no lo tiene, ya todos deberían estar acostumbrados a nuestra relación. - ¿Por que a las personas les molesta, incómoda o les asombra que entre un hombre y una mujer pueda existir una amistad verdadera como la nuestra? - pregunto más para mí que para él. - Por que no han tenido la oportunidad como nosotros, por ende, todo lo que desconocen les parece falso o irreal - dice serenamente y yo solo asiento. Pues, tiene razón. Nos quedamos en silencio a la espera del bendito ascensor hasta que a mi querido amigo se le ocurre una idea. - ¿Quieres que hablen de nosotros hoy? - lo veo con el ceño fruncido no entendiendo su punto. - ¿A qué te refieres? - no responde solo sonríe pero...me abraza por la cintura acercándome a él, haciendo que dirija mi vista hacia su mano que me envuelve posesivamente como si fuéramos pareja. Giro mi rostro con el celo fruncido y me enfocó en su rostro que solo muestra una sonrisa de satisfacción y diversión. Tengo un niño por amigo, pero no le digo nada y dejo que juegue, total, no me importa, es parte de nuestra rutina. El ascensor llega y con un leve empuje me pide que avancé, lo hago y una vez dentro y antes de que se cierran las puertas me arrincona estrellando mi espalda en una de las paredes de la caja metálica, levantando mi rostro acercando el suyo para besarme. Escuchamos los ruidos de exclamación del piso, por lo que entiendo lo que intenta hacer, y antes de que me besé (lo que se no hará), se cierran las puertas dejando a todas las personas asombrados por lo que vieron. Ahmet se aleja de mi con una sonora carcajada. - Con esto, espero que hablen con una razón válida - lo veo divertido con su travesura y solo sonrió mientras niego con la cabeza. Dios, dame paciencia y que sea ilimitada para aguantar un día más de trabajo, por que esta claro que hoy...mi nombre, se escuchará por cada rincón de estos 94 pisos.
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