AHMET Me lo repite mi conciencia sin descanso desde que salí furioso de la oficina en búsqueda de Maia. Tarde, muy tarde para arrepentirme, ya averigüe donde estará esta noche y es hacia donde me dirijo manejando como un loco por las calles. Bufo y ruedo los ojos mientras no pierdo de vista mi destino. Mi teléfono celular comienza a sonar a todo volumen por el alta voz de mi coche. - ¿Diga? - confesto si saber quién es. - Buenas mi querido Kiliç, como estas el día de hoy? - la voz de mi buen amigo Alonso resuena por los parlantes. - Ocupado. ¿Qué necesitas? - respondo sin más. - Vaya pero que genio. ¿Qué te sucedió para que estés así? - pregunta en medio de un carcajeo. - Maia - respondo sin pensarlo y me arrepiento de inmediato. La llamada telefónica se queda en silencio

