Miro a Rogelio y le digo. —Esto se ve delicioso, gracias. —el me ve con unos ojos de satisfacción, y me regala una sonrisa. —¿Te he sorprendido? —¡Mucho! —le respondo con una sonrisa. —Pero aún falta lo mejor, y le he pedido especialmente para ti. —El mesonero retira los platos vacíos de la mesa. —¡Hay no! Rogelio, siento que ya no podré comer más. creo que ya es suficiente por hoy. —el mesonero llega y pone frente a mi un pequeño plato con un trozo de pastel de chocolate y a un lado coloca un recipiente con chocolate líquido, algo tibio para que le coloque por encima al pastel. Veo a Rogelio a los ojos y le digo. —Sabes lo que me gusta, y que a esto no puedo decirle que no, pero vamos hacer algo, comamoslo juntos como la primera vez. ¿Te acuerdas? —¿Como no recordarlo? — responde

