Cuando Serena abrió los ojos, lo primero que sintió fue un dolor sordo recorriéndole el cuerpo, como si cada músculo, cada hueso, cada fibra de su ser estuviera recordándole lo que había vivido la noche anterior. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba. La habitación era tenue, envuelta en un silencio cálido, casi ajeno al caos que todavía latía dentro de ella. Movió lentamente la cabeza, y ahí estaba él. El hombre. Dormía profundamente a su lado, con el ceño ligeramente fruncido, como si incluso en sueños no pudiera desprenderse del peso de sus propios demonios. Su respiración era pausada, y había algo inquietantemente pacífico en su expresión. Serena lo observó durante unos segundos eternos. No sabía cómo sentirse. ¿Confusión? ¿Culpa? ¿Amor? La herida que ella había trata

