Cuando Serena abrió los ojos, lo primero que sintió fue un vacío helado apoderándose de su pecho. Parpadeó varias veces, confundida, desorientada, como si acabara de despertar de una pesadilla... solo para descubrir que aún estaba atrapada en ella. Miró a su alrededor con desesperación. Las paredes grises, la penumbra interrumpida por destellos de luz, el eco lejano de gritos… Nada le resultaba familiar. No sabía dónde estaba. No entendía qué había pasado. Entonces, lo escuchó. Primero fueron pasos apresurados, luego golpes secos, el retumbar de balas que hacían vibrar las paredes, y finalmente... los gritos. Gritos humanos, desgarradores. Voces que imploraban, que huían, que luchaban por vivir. El miedo se apoderó de ella como una ola incontrolable. Serena tembló, su cuerpo en

