Alexei. Observaba mi móvil desesperado al ver que Anashia no respondía la llamada. Creo que la he llamado más de quince veces en menos de diez minutos. Resoplando, dejo el móvil a un lado y sigo con mi trabajo, aunque mi cabeza es un caos. Me pregunto si habrá ido al trabajo o qué habrá pasado. Mejor iré a la recepción a preguntar por ella antes de que empiece la reunión de accionistas. —En un rato regreso —le notifico a la secretaria de Dylan, y ella asiente levantándose de su silla. Llego a la recepción y antes de preguntar por Anashia, la señora me observa seriamente. —Hola, buenos días. ¿Podría mandar a la señorita Anashia para que nos prepare café en la sala de reuniones? —Buenos días, señor. La señorita se fue hace poco, no se sentía bien y le dije que podría irse. ¡Se sentía

