Regresé a la mansión cuando el sol empezaba a ocultarse tras los jardines. Apenas crucé el umbral, escuché las risas y el bullicio que llenaban el vestíbulo. Mi familia ya había llegado. Las primeras en abalanzarse sobre mí fueron Lucía y Luna, mis primas gemelas. —¡Alessia! —gritaron al unísono—. ¡Por fin has vuelto! Detrás de ellas apareció tía Jazmín, impecable como siempre, envuelta en un perfume floral que llenó toda la estancia. —Mi niña —dijo con esa voz suave y melódica—, sigues tan hermosa como siempre. Tu madre estaba impaciente por verte. —Gracias, tía —respondí, abrazándola—. Me alegra veros a todas juntas otra vez. Lucía me tomó del brazo, impaciente. —Tienes que contarlo todo —exigió— Quiero saber cómo folla un sultán. Reí fuerte y note el anillo de compromiso en su bo

