Suleiman Joder… no dejo de pensar en ella. Han pasado tres malditos días desde que se largó y ni una sola señal, ni una llamada, ni una carta, nada. El silencio me está volviendo loco. La odio, o al menos eso intento repetirme para no romper nada más. La imagino riendo, moviéndose entre otros, dejándose tocar, y esa imagen me quema más que cualquier herida. La extraño… maldita sea. Extraño su olor impregnado en mis sábanas, en mi piel, en cada rincón de este lugar. Todo me la recuerda: la almohada que aún guarda su perfume, el vino que solía beber a medias conmigo, hasta la música suena distinta sin su voz. Intento concentrarme en mis asuntos, en los negocios, en cualquier cosa que no lleve su nombre, pero mi mente siempre vuelve a ella. Me falta el aire sin su presencia. El deseo me mu

