Hace tres días que no sé absolutamente nada de Suleiman, y aunque sé que sigue en Estados Unidos, su ausencia me pesa. Hoy es la boda de Lucia, será esta noche, y la haremos en una de las propiedades más lujosas de la familia Santoro. En este momento me encuentro ayudándola con su vestido y peinado; estamos juntas, Lucia, Luna y yo, en un pequeño cuarto que huele a flores frescas y perfume caro. Abajo, Jazmín, Ana, Vicenta y, por supuesto, mi madre se aseguran de que todo esté listo. Invitamos a toda la familia a esta celebración; todos los Santoros juntos, reunidos en un solo lugar, cada uno con su propio brillo y carácter. —Estoy nerviosa… —dice Lucia, con un hilo de voz mientras se toca el borde del vestido. Luna y yo reímos fuerte. —Lucia, la primogénita de los Santoros está nervios

