LIAM Sabía que no debía haber bebido con Stefan. Lo sabía desde el primer sorbo. Pero en momentos así, el silencio pesa tanto que uno necesita algo que lo disuelva, aunque sea por un rato . El alcohol no solo me desinhibe, me vuelve honesto de la peor forma. Saca lo que escondo, lo que niego sentir. Por eso, cuando la vi ahí, en medio del pasillo, con esa expresión entre confusión y calma, no pude contenerme. La besé. Y no fue un beso cualquiera. Fue de esos que rompen el aire, que dejan sin espacio al pensamiento. Sus labios sabían a incertidumbre, pero también a algo que me recordaba al hogar, a un lugar donde no había mentiras ni nombres que pesaran tanto. —Liam… —susurró, separándose apenas, con la respiración entrecortada—. Mañana podrías arrepentirte de esto. Sus ojos buscaba

