Punto de vista de Rosalyn
Mis ojos se abren lentamente, y me dan ganas de vomitar cuando me doy cuenta de que no solo estoy en la habitación de Reese, sino en su cama. Una cama en la que él estuvo liándose con mi hermano no hace mucho. Me caigo de la cama y corro al baño. Apenas llego al inodoro antes de vaciar lo poco que tengo en el estómago. Una mano firme en mi espalda me hace congelarme. Me giro esperando ver a Reese, pero me quedo atónita al ver a mi padre. —Oh, princesa, —dice, y estallo en lágrimas.
Me atrae hacia sus fuertes brazos y entierro mi cara en su pecho. Frota círculos en mi espalda. —Todo va a estar bien, princesa, te lo prometo. —Después de unos minutos, me aparto, preguntándome cuánto sabe realmente.
—Papá, ¿dónde están Bryce y Reese? —Sus ojos están llenos de ira y simpatía.
—Tu hermano está en una celda por golpearte. —Me sorprende porque esperaba que mis padres entendieran, pero nunca esperé que Bryce estuviera en una celda.
—Reese está en la oficina de su padre esperándonos. Necesitamos hablar sobre lo que pasó y cómo avanzamos, princesa. ¿Puedes hacer eso por mí? —Pregunta.
—Entonces, ¿sabes por qué Bryce me golpeó?
—Lo sé, vamos a la oficina del Alfa, y podemos resolver todo esto. Te prometo, princesa, que tu hermano nunca volverá a ponerte un dedo encima.
Cuando llegamos a la oficina del Alfa, mi padre empuja la puerta. En el momento en que entro, me envuelven unos brazos que nunca quiero que me toquen de nuevo. Los escalofríos que antes aceleraban mi corazón se han ido. Antes de que pueda gritar para que quite sus manos sucias de mí, su padre habla. —Reese, baja a Rosalyn ahora. Tenemos mucho de qué hablar. —Hay una larga pausa antes de que finalmente ceda a la orden de su padre.
Tan pronto como estoy fuera de su alcance, doy un paso atrás. El dolor se refleja en sus ojos, pero no puedo sentirme mal después de todo el dolor que me causó mintiendo. He perdido a mi hermano y a mi compañero en el mismo día solo porque no pudieron ser honestos. —Rosalyn, por favor siéntate, —dice el Alfa Robert, señalando la silla frente a su escritorio. Hago lo que me pide, sin dedicarle otra mirada a Reese.
—Ahora, sé que estás molesta y con razón. Estoy seguro de que todo lo que viste antes fue un gran shock para ti. —Me quedo callada aunque Loba Zora está gruñendo ante sus palabras. —Reese, tu padre y yo hemos hablado extensamente sobre la situación y creo que hemos llegado a una solución que hará feliz a todos. —Miro a mi padre y él asiente.
—Revocarás tu rechazo que nunca debió haber sido pronunciado.
—Perdón, —digo ya sin poder contenerme.
—Me escuchaste, Rosalyn. Estabas destinada a ser la compañera de Reese y la Luna de esta manada. Entiendo que la situación no es ideal, pero tienes una obligación con la manada de superar esto, —dice y mi cuerpo se tensa.
—La diosa te eligió, y no puedes rechazar lo que ella ha destinado para ti. Ahora, como decía, revocarás tu rechazo. Avanzaremos con la ceremonia en dos días haciendo a Reese Alfa y a ti Luna de la Manada Rosa Negra.
—Reese se unirá y te marcará. También se unirá y marcará a Bryce. Compartirás un compañero como muchos hermanos lo hacen. Es común entre los nuestros. Esto asegurará que no sientas el dolor de la infidelidad cuando estén juntos y todos obtendrán lo que quieren, —dice.
Esta vez, cuando deja de hablar, sí miro a Reese. Veo esperanza y amor en sus ojos. La bilis sube en mi garganta y me vuelvo para mirar a mi padre.
—¿Estás de acuerdo con esto? ¿De acuerdo en que debería compartir al compañero que estaba destinado solo para mí? Aceptar que me traicionaron durante más de un año.
—Princesa, quiero que seas feliz, pero también quiero que Bryce y Reese sean felices. ¿No ves que este arreglo lo haría posible?
—No, no lo haría. No sería feliz. No compartiré a mi compañero. No aceptaré voluntariamente que mi compañero me traicione con mi hermano, quien hoy mismo me golpeó, —digo poniéndome de pie.
—No revocaré mi rechazo. Él y Bryce me han traicionado y ustedes dos están aprobando sus acciones en lugar de decirles lo equivocados que están. Me traicionaron a mí y a la diosa. Ellos pueden vivir con sus acciones. Bryce puede ser Luna.
—Princesa, —dice, pero lo interrumpo.
—No te atrevas a volver a llamarme así. Dejé de ser tu princesa cuando decidiste que mi felicidad no importaba. Cuando pusiste las necesidades de tu hijo y del Alfa antes que las mías. —Mi padre parece como si le hubiera dado una bofetada, pero no me importa. Empiezo a caminar hacia la puerta.
—Rosalyn, no me faltarás al respeto a mí, a tu padre, a esta manada o a tu compañero.
—No tengo padre ni compañero. En cuanto a ti, Alfa, no tengo manada. Yo, Rosalyn Rain Myers, rompo todos los lazos con la Manada Rosa Negra y el Alfa Robert Orick.
Siento romperse el vínculo con la manada y Loba Zora gime. Dos rugidos resuenan en la oficina antes de que me levanten del suelo. —Rosalyn, ¿qué has hecho? —Susurra mi padre. Cuando despierto, no estoy segura de dónde demonios estoy hasta que veo las barras. Me apresuro a sentarme mientras miro alrededor de lo que supongo es un calabozo. Nunca había visto esta parte de la casa de la manada.
Me pongo tensa cuando oigo mi nombre pronunciado suavemente detrás de mí. Me giro para ver a Bryce, que parece haber pasado por un par de rondas en una pelea y perdido. Me muevo al otro lado de la celda, lejos de él. No puedo ni mirarlo ahora mismo. Se acuesta con mi pareja, me trata como basura durante el último año y luego me golpea. —Rosie, lo siento mucho. Fui un bastardo. No te culpo por odiarme. No quise enamorarme de Reese. Lo juro, pero lo amo. También te amo a ti, Rosie, y lamento haberte lastimado. Lo siento mucho.
Me quedo de espaldas a él, pero dejo que las lágrimas fluyan libremente. Lloro la pérdida del hombre al que estaba destinada a amar hasta mi último aliento. Lloro la pérdida del hombre que era mi protector hasta que dejó de serlo. No puedo perdonar a ninguno de los dos. No merecen mi perdón. Ellos tomaron su decisión, y ahora yo estoy tomando la mía.
No sé cuánto tiempo pasa hasta que oigo abrirse una puerta al final del pasillo. Cierro los ojos para que no sepan que estoy despierta. —Reese, por favor, perdóname. Lamento haberla golpeado. Estaba enojado porque ella te estaba lastimando, —dice Bryce.
—¿Te disculpaste con ella?
—Lo hice, pero no me habla. Ni siquiera me mira, —dice él.
—Tienes suerte de que mi lobo Lobo Fallon no te matara por golpear a su pareja. ¿No entiendes que ella es mi compañera destinada? Por mucho que te ame, Bryce, la necesito. Ella es la otra mitad de mi ser. No puedo perderla.
—Lo siento, Reese. La idea de ustedes dos juntos me vuelve loco. Aprenderé a aceptarlo, pero no estoy seguro de si ella lo hará, —dice Bryce.
Nunca lo aceptaré. Parece que Lobo Fallon me quiere más que Reese. Como si Bryce pudiera escuchar mis pensamientos, hace la pregunta. —Sé que la necesitas, pero ¿la amas como me amas a mí? —Cierro los ojos con fuerza cuando los oigo besarse. Lucho contra la necesidad de vomitar. También trato de controlar a Loba Zora, que intenta salir adelante.
—Te amo, Bryce. Nada cambiará eso, pero también amo a Rosalyn. Los necesito a ambos para estar completo. Necesito que aceptes eso, o no podemos estar juntos, —dice Reese.
—Lo aceptaré. Te amo, Reese. Te ayudaré a convencerla de que todos podemos ser felices juntos.
—Estos dos están locos. Necesitamos salir de este lugar. Nunca permitiremos que nos marque, —dice Loba Zora mi loba y no podría estar más de acuerdo.