—Dilia, buenas noches. —Señor Orestes, buenas noches, ¿Cómo ha estado? ¿Cómo sigue la niña Saanvi? —Mejorando en casa, la llevé a otro lugar, ¿Cómo ha seguido mi madre y sus paranoias? —Bueno no lo ha olvidado del todo, aunque ya no insiste, pero si está preocupada porque usted ni Hannah volvieron a casa, de la señorita Peyton no dice nada porque dice que es hasta mejor que no esté aquí —le dijo Dilia con cierta prudencia en el tono de su voz. —¡Qué osada! —exclamó sonriendo al escuchar a Dilia decirle los alcances de su madre—. Es mi casa, no la de ella. ¡Definitivamente no va a cambiar! Dilia no opina, solo le responde y no da su apreciación al respecto. —Emm, te llamaba para decirte que Audris llega mañana —le informó—, por favor, dispón una habitación para ella y mantén las habit

