—Señor Vasileiou —escuchó Orestes una voz masculina desde el otro lado de la línea. Se encontraba a la espera de la llegada de su socio israelí para verificar la razón por la que éste solicitó reunirse con él. —Buenos días, ¿con quién hablo? —inquirió extrañado. Quien fuera que lo estaba llamado lo hacía desde un número local, por eso fue que contestó la llamada. No suele contestar a números desconocidos. —Soy el doctor Bakker, no estoy en la clínica, las enfermeras me acaban de llamar para informarme que la niña Saanvi está sola… —¿Qué sucedió? ¿Le pasó algo a Peyton? —lo interrumpió al preocuparse por la noticia—. Debe estar en algún lugar de la clínica, no iría a ningún lugar fuera de allí sin avisarme y dejando sola a la niña. Pida que la llamen por altavoz. Ya verá que aparece.

