Esa misma mañana sentenciaron a Audris y a su cómplice a treinta años de prisión, e iniciaron el juicio en contra de Nadisuka. Ésta pidió hablar con Orestes, más él la rechazó, tomó a Peyton del brazo y se apresuró a abandonar la sala. Solo cuando estuvieron afuera, hicieron una pausa en su andar, dado que Peyton aún debía llevar un ritmo pausado. —¿Al fin libres? —le preguntó Peyton mirando a Orestes a los ojos. —Libres, amor, libres, nos vamos esta misma semana del país —le informó Orestes—. Vamos a salir de aquí —la tomó por la cintura. comenzaron a caminar en dirección al ascensor. —Orestes —la voz de su madre los detuvo. No se giraron, pero tanto él como Peyton se tensaron por lo incómodo que imaginaron sería esa experiencia. —Debemos hablar —escucharon adicional. Orestes
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