Para Orestes fue exagerado el tiempo que transcurrió desde que le dieron la noticia de la superación de Peyton a la situación de peligro en la que estuvo y en el que lo puso a él, pues imaginando lo peor se sintió morir sentado en esa silla, y la hora en la que le permitieron verla. Había caído la tarde cuando le avisaron que Peyton había sido trasladada a una habitación. La encontró dormida pero respiraba que para él era un buen indicio. Se acercó y tomó su mano fría, escondida debajo de la cobija que la cubría desde el abdomen hasta los pies. Se detuvo a mirarla por mucho rato y solo cuando ingresó la doctora se separó para recibir de ella la información que fuera a darle. —Puede estar tranquilo señor Vasileiou, la señora está bien, solo está dormida por el efecto del sedante que se

