Sin poderse creer esa nueva reacción en él, Peyton movió a un lado su taza, entrecerró los ojos para mirarlo a los ojos. —¿Esta es la razón por la que entraste a mi habitación a hablarme? —le preguntó como si leyera sus intenciones. Orestes la miró sorprendido, pero no se lo dejó ver. Le tomó por asalto su percepción y lo asertiva que estaba siendo. —Ya tenemos las pruebas para denunciar a la verdadera responsable del robo de Saanvi —le dijo de un modo que a Peyton en el momento le pareció evasivo. No era así. Orestes en su preocupación no supo como darle esa noticia, porque le daría herramientas a Peyton para tomar la decisión que ahora le estaba causando tanta incomodidad. —¿Audris? —inquirió en tranquilidad y mirándolo a los ojos se llevó el borde de la taza a los labios. —Sí, e

