Como era evidente, Orestes logró llegar al clímax, claro que lo haría. Con el nivel de alcohol en su cuerpo y la intensidad que se gasta en esas situaciones, era de esperar que lo hiciera. No así la satisfacción del alma. Cuando la chica se bajó de sus piernas volvió a sentir el mismo vacío que lo llevó a estar ahí con esa desconocida. Sentado, acomodó su pantalón y luego la camisa, volvió el asiento a su lugar y pasó una mano por sus ojos y el resto de su rostro para enfocar la vista. —¡Wow! Rápido, pero intenso —expresó la mujer sacándolo del estado de decepción en el que se encontraba. Ni se molestó en mirarla, no era necesario. Tampoco pidió aclaratoria de lo que quiso decir con esa afirmación. Había sido intenso, pero solo para advertirle que algo debía hacer para frenar sus pasos

