Un incómodo arrepentimiento me carcome con angustia por haber dejado a Maya sola. Por más que intento avanzar a la salida, algo me detiene y decido volver. No es que busque una relación amorosa con ella, es más como una amistad indefinidamente. El hecho de saber que me desea, me hace sentir halagado y, a su vez, como un patán porque sé que no puedo darle lo que ella tal vez quiera, un futuro. Tomo el ascensor rememorando el calor de su piel en mis manos, su aliento tibio cerca del mío y el palpitar desenfrenado de mi corazón cuando la tuve entre mis brazos. Está por cerrarse las puertas cuando una mano lo detiene, un montón de universitarios se suben lo que hace que mi recorrido hasta el piso de la rubia tarde más. A pesar del alboroto que traen los chicos no dejo que esto me distraiga d

