Cerró la puerta de la habitación apenas ambos estuvieron dentro, parados al lado de esa cama que tantas veces había sido testigo de su amor. De a poco tomó la tela del largo vestido que la cubría y con suavidad tiró hacia arriba, sabía que esta vez sí encontraría una marca. No miró el cuerpo de la mujer, mantuvo sus ojos clavados en los de ella que le suplicaban perdón. Con sus manos envolvió la pequeña cara de la muchacha para besarla en los labios. La había extrañado tanto. Ella pasó sus brazos por su cuello y lo besó aún más profundo, intentando transmitirle cuánto había añorado volver a sentir sus labios. De a poco las manos de Javier bajaron por el contorno del cuerpo de la castaña, hasta que, a la altura del glúteo derecho, lo sintió, un pequeño corte recién curado. No pudo evitar

