Ella se quedó de pie, observándolos y sintió algo extraño en el pecho. Como si estuviera mirando un secreto que no debía ser revelado. —¿Quiere un café? —preguntó al fin, rompiendo el silencio. Deseando casi de forma inconsciente que aún no se fuera. Azran levantó la vista hacia ella, y la intensidad de su mirada le hizo tragar saliva. —Por supuesto —respondió con calma. Evanya fue a la cocina, y él la siguió con la mirada. Preparó dos tazas con nerviosismo, sintiendo cada movimiento observado, hasta que regresó con una de ellas y se la ofreció. Cuando él extendió la mano para recibirla, sus dedos se rozaron. El contacto fue breve, apenas un instante, pero suficiente para encender algo entre los dos. Evanya lo sintió recorrerle el brazo, un calor que se expandió demasiado rápido por t

