Evanya apenas logró cerrar la puerta de su apartamento cuando sus piernas cedieron un poco bajo su propio peso. No porque estuviera cansada, sino porque todavía podía sentir, en cada músculo de su cuerpo, los rastros de todo lo que había ocurrido esa noche. Se recargó en la puerta, con una sonrisa boba pintada en los labios, dejando escapar un suspiro que más bien parecía una pequeña risa contenida. Su mente seguía viajando hacia atrás, recreando cada toque, cada palabra, cada mirada de Pantera que había encendido algo en su interior. Pero su ensimismamiento no duró mucho. Un ladrido fuerte, enérgico, y el repiqueteo de garras contra el suelo la devolvieron a la realidad. —Simon… —murmuró con una sonrisa, justo antes de que el enorme pastor checo n***o doblara la esquina de la sala y c

