Con la llegada del orgasmo la respiración de Evanya se volvió un jadeo entrecortado, su espalda se arqueó como si buscara escapar y al mismo tiempo hundirse más en él. Y en ese instante, cuando el temblor de su orgasmo le recorrió las piernas, Pantera sintió cómo su deseo se tensaba, volviéndose más duro, más urgente. La observó y reconoció esa mirada suya, perdida y brillante, temblando entre el placer y algo más profundo, algo que ni ella parecía entender. Y entonces, en ese espacio cargado de electricidad, dejó que su voz grave se deslizara, rompiendo el silencio. —¿Quieres que él te folle? —preguntó sin más, con sus ojos clavados en los de ella, intensos, casi crueles—. ¿Quieres… experimentar más? Los labios de Evanya se entreabrieron, y un suspiro escapó antes que cualquier palabra

