Zoran salió de la mansión pasada la una de la mañana. La música seguía latiendo dentro del club, un pulso de placer y pecado que él conocía demasiado bien, pero esa noche no le decía nada. Cerró la puerta tras de sí, encendió un cigarrillo y caminó hasta su auto, un n***o impecable que contrastaba con el pavimento húmedo por la llovizna reciente. Su cabello largo, n***o como el humo que exhalaba, caía suelto sobre los hombros. Su piel canela brillaba bajo las luces tenues del estacionamiento, y cualquiera que lo viera sabría que era peligroso, incluso antes de ver los tatuajes que cubrían sus brazos. Encendió el motor y salió a la carretera, alejándose del lujo y los cuerpos gimiendo. No iba al apartamento de siempre. Esa noche, como tantas otras, quería algo más real. Algo que le recorda

