Ese gesto, esa declaración, le arrancó un destello en los ojos. No era solo deseo lo que brillaba ahí, era algo más oscuro, más peligroso. Un triunfo. Una rendición disfrazada de reto. Sus manos todavía estaban en sus muslos, apretándolos con fuerza. La acarició con lentitud, saboreando el contacto con su piel una vez más. La decisión estaba tomada. Azran tomó sus labios de nueva cuenta, pero esta vez fue corto el beso. Luego con esa mirada suya le hizo saber que sería como ella quería. . El corazón de Evanya latía con fuerza, casi insoportable, mientras subía al auto junto a Azran. Esta vez él mismo estaba al volante. Salieron por la puerta secreta de la mansión para no ser vistos, y el único que notó la fuga fue Caelan, que desde la distancia sonrió de lado y negó con la cabeza co

