Azran llegó a su residencia con el peso de la noche sobre los hombros. Cerró la puerta y lo primero que hizo fue ir directo a la ducha. Se desnudó sin pensarlo demasiado, dejó que el agua caliente golpeara su espalda y se llevó ambas manos al cabello, echándoselo hacia atrás con rabia contenida. Jared Ward. Ese viejo cabrón estaba más vivo que nunca, no estaba retirado ni perdido en la nada. Estaba moviendo fichas. Estaba metiendo las manos donde no debía. Azran apretó los dientes. Si no lo detenía pronto, ese anciano iba a terminar jodiendo todo lo que había construido. Y lo que más le enfurecía era que sabía de lo que Jared era capaz. Ese hijo de puta era de los que disfrutaban deshacer vidas solo para demostrar que seguía en control. Cuando terminó, se envolvió en una toalla, cruzó l

