Y esa sola idea, aunque le revolvía el estómago, también la llenaba de una maldita sensación de pertenencia que no se atrevía a nombrar. Evanya salió del Dominion Times minutos después. Azran tenía una reunión con unos socios rusos que parecían más interesados en lavar dinero que en cerrar contratos, y la dejó marcharse sin insistir demasiado. Aun así, ordenó a su chófer que se encargara de llevarla directo a su apartamento. Al principio a Evanya le incomodaba esa sensación de estar vigilada, pero mientras el coche avanzaba por la ciudad entendió que, al menos, se sentía más segura. Más cómoda que viajando sola en taxi o caminando hasta la parada de autobús. Cuando el vehículo se detuvo frente a su edificio, lo primero que vio fue a Jenna. La rubia ya la estaba esperando, recién bajada

