Pantera asintió lentamente, sus ojos no se apartaron de los de ella. —Está bien. Yo tampoco vine. También un asunto… más importante. Su voz grave la atravesó. Evanya bajó la mirada, respiró hondo. No quería hacerlo. Pero no tenía opciones. —Perdí todo… —admitió, y la voz se le quebró en la garganta—. Mi apartamento. Lo que tenía dentro. Y tengo… algunas deudas. Solo quería saber si era posible adelantar una parte de mi paga. Sé que aún no cumplo el mes, pero faltan pocos días. Pantera no respondió con palabras. Se giró hacia el cajón derecho de su escritorio. Lo abrió, y con una tranquilidad aterradora, sacó un fajo de billetes perfectamente ordenado. Sin contar, sin preguntar cuánto necesitaba, se lo extendió. Ella lo miró, paralizada. —Si necesitas más, solo dímelo —dijo él, sin dr

