Y ella, su refugio temporal. —Gracias por recibirme —murmuró en su oído, mientras la besaba otra vez, más lento, más oscuro, más suyo. Lucy solo asintió, rendida. Pensando que por fin, él estaba ahí. Que la había elegido a ella. Y Justin sonrió, aunque le ardiera el rostro, aunque tuviera el alma llena de fango. Porque al menos esta noche, tenía dónde dormir. Y alguien a quien seguir usando. Lucy cerró la puerta tras ella con una lentitud que parecía planeada cuando lo guio a la sala. No encendió la luz. No necesitaba verlo. Lo sentía. Su presencia, el calor denso en el aire. Justin estaba ahí, recostado en la silla de madera junto a la ventana entreabierta. Miraba hacia la calle como si el mundo allá fuera no tuviera nada para ofrecerle. Y cuando volvió el rostro, con ese gesto vací

