Tenía el control. Y eso, en el mundo en el que ella empezaba a moverse, lo era todo. Mientras tomaba notas, Evanya no pudo evitar deslizar de vez en cuando la mirada hacia su rostro. A la línea dura de su mandíbula. A la forma en que sus labios se curvaban apenas cuando alguien hacía una pregunta obvia. A sus manos, largas, fuertes, precisas. Recordó, sin quererlo, lo que esas manos habían hecho en su cuerpo, sin saber que era él. Y su cuerpo también lo recordó. Una punzada le recorrió el vientre. Cerró las piernas instintivamente, como si necesitara contenerse. No sabía porque en ocasiones el recuerdo de Pantera venía a su mente cuando era Azran Ward quien estaba hablando. —Evanya —dijo Azran de pronto, y su nombre en sus labios fue una corriente eléctrica directa a su columna. Ella

