—Cierra la puerta, Evanya —ordenó, sin siquiera mirarla. Ella obedeció en silencio. Cuando volvió a alzar la vista, él le tendió un vaso con licor ámbar. Evanya no solía beber, pero lo aceptó. Quizá para aumentar su valor esa noche. —Relájate —dijo con voz robótica y grave. Evanya sostuvo el vaso, pero no bebió. —¿Cómo voy a relajarme si ni siquiera sé qué es lo que estás tramando para esta noche? Pantera bebió un sorbo sin apartar la mirada de ella. Recorrió su cuerpo con la mirada. Y se tomó su tiempo mientras notaba el estremecimiento de Evanya. —¿Usaste el juguete que te di? —preguntó de pronto. El vaso tembló ligeramente en sus manos delicadas. Sus mejillas se encendieron. No tenía sentido mentir. Asintió. Los ojos tras la máscara brillaron, satisfechos. Pantera se acercó, de

